EL CANSANCIO QUE NO SE CURA DURMIENDO
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Dormía bien, pero estaba cansada de vivir así.
Hay un cansancio que no se va durmiendo más.
No se arregla con vitaminas. No mejora con vacaciones.
Es el cansancio de vivir desconectada de ti.
De sostener, aguantar, cumplir… mientras por dentro algo se va apagando. Y lo sientes.
Yo estuve ahí. Y no quería dormir más. Quería un cambio. Me faltaba algo, pero no sabía qué.
Cuando era niña, si estaba triste, me metía en la cama.
Mi madre decía: Los problemas no se arreglan durmiendo.
Y tenía razón… pero tampoco nos enseñaron a sentir la tristeza.
No había espacio para quedarnos con ella.
Había que levantarse, seguir, funcionar.
Muchas mujeres de nuestra generación aprendimos eso:
que sentir era perder el tiempo, que llorar no servía, que parar era un lujo.
Y así crecimos sin saber cómo gestionar la tristeza.
Solo sabíamos taparla. Dormirla. Patearla hacia adelante.
Hasta que el cuerpo, un día, ya no puede más.
Y entonces aparece este cansancio raro, profundo, sin nombre.
No estás perdida.
Estás haciendo algo que nadie nos enseñó: escucharte.
Hoy cuando me desperté pensé en el último texto que escribí sobre los límites y me llevó directamente al autocuidado.
Cuidarse no es solo por placer. Es poder regularte emocionalmente, es salud mental y responsabilidad afectiva. Cuidarte te vuelve más presente, más consciente y te acerca más a tí.
Cuando no te cuidas bajan tus recursos, tu resiliencia cae, tu autoestima se desploma. Tu sistema nervioso necesita esos espacios de reparación. Porque si no dispones de esos espacios se suma además la culpa. Por estar cuidando siempre al otro y nunca a tí es cuando aparece la queja: «siempre estoy cuidando a otros primero y nadie se acuerda de mí».
La cruda verdad es que cuando llegas a los 40 aproximadamente se da un momento de crisis. Por qué? Porque te das cuenta de que has sostenido durante años:
- familia
- trabajo
- apoyar a otros
- expectativas sociales
Y has aprendido que postergarte es normal. Cuando abres los ojos tu enfoque te lleva a algo transformador y, si no lo sabes llevar, la estantería se puede tambalear porque es precisamente ese momento en el que te das cuenta que te falta el aire y te cuesta respirar.
“Cuidarte es volver a casa dentro de tí.”
Yo entendí que sí se puede, sin tener que desmoronar el mundo que ya tienes, y para eso hace falta reaprender de responsabilidad emocional: cada uno cuida su 50%.
Lo primero es reconocer las señales del cuerpo: tensión, irritación, desconexión, cansancio extremo, de tener esa sensación de querer dormir donde sea, de apagar la luz. En realidad quieres apagar la luz para no ver.
Ojo que estoy hablando de cuidarte, no de buscar el placer por el placer. Sino de volver a ti.
Para ello puedes diseñar rutinas reales, suaves, humanas., que te acerquen nuevamente a tí.
Siempre aconsejo buscar un momento de tranquilidad, respirar 3 veces profundo, con una mano en el corazón y la otra a la altura del estómago.
Comienza con 3 minutos.
Te dejo 5 formas de cuidarte sin que nadie lo note, aunque tu cuerpo, tu mente y tu alma lo agradecerán:
- Escribe 1 línea cada día, como si fueran mantras u oraciones de cómo te sientes y que te gustaría cambiar.
- Escucha tu canción favorita y canta con ella.
- Enciende una vela aromática.
- Hazte una mascarilla en el cabello.
- Hasta cuando te pones crema en las piernas o en los brazos puedes usar esos 3 minutos para volver a tí.
- Y por favor: deja de hacer la lista de la compra mientras te cuidas!
Cuando logres estos 3 minutos, te darás cuenta que puedes pasar a 5, y luego quizás será una tarde en la semana.
Y así pasarás de la culpa al permiso. Permiso de escucharte, de cuidarte, de quererte, de volver a ser vista y verte.
Cuidarte no es irte del mundo, es volver a tí.
Al hacerlo podrás identificar lo que agota y lo que nutre. Es una forma de liderazgo interno. No es egoísmo, no es abandonar a otros, es volver a tí para poder cuidar a otros desde tu posición de lider de tu manada.
Buen domingo y como siempre, un abrazo de los que molan 🙂
PS: No dejes que el fuego de tu corazón se apague.
