¿En qué momento dejamos de celebrar la vida?
Esta mañana encendí un incienso, abrí las ventanas, puse música y escribí dos listas: una con lo que quería dejar ir y otra con lo que quería invitar a mi vida. Mientras lo hacía comprendí por qué llevo años disfrutando estos pequeños rituales. Si alguien me hubiera dicho hace 16 años que un día esperaría con ilusión el Solsticio de Verano o el levantamiento del Maibaum, probablemente habría arqueado las cejas. Sin embargo, vivir en Alemania me regaló algo inesperado:…