Érase una vez…

Érase una vez…

Érase una vez en un reino mágico y rico, una valiente mujer, de naturaleza curiosa que, desde las pampas, de un reino llamado Argenta, había cruzado el Océano en busca de una vida diferente y llena de aventuras.

Su primera parada fue en la tierra de sus padres, Hispania, vivió allí muchos años. Ansiaba conocer la cultura de su familia y sus raíces.
Al llegar, la emoción le recorrió el cuerpo. Sus abuelos habían vivido y trabajado allí, habían formado una familia. Ella conoció sus historias y sus secretos, contadas por la gente anciana del lugar. Habían compartido experiencias y vivencias con ellos, hasta que se embarcaron en busca de mejores oportunidades hacia una tierra lejana, a muchos kilómetros de allí, desde donde ella ahora hacía el camino de vuelta.

Esta mujer, a la que llamaremos Valentina, conoció a mucha gente, trabajó mucho pero disfrutó de la vida también, como lo hacía la gente del lugar. Ella, aunque tenía miedos, no dudaba en enfrentarse a los desafíos que le imponía su nueva vida, lejos de los suyos.

Esta mujer llevaba en sus venas, sangre española por parte de familia pero también corría por sus venas, la rebeldía propia de los gauchos. Llevaba consigo el espíritu de estos hombres y mujeres fuertes, rebeldes y valientes. Siempre persiguió la libertad, sentir el viento en la cara y defender a los que necesitaban ayuda. Lo había adquirido en su tierra, donde el viento impregna con ese espíritu a los que han nacido allí.  

No siempre lo pasaba bien, aunque ella se sentía parte del lugar, también tuvo que enfrentarse a grandes desafíos. En más de una ocasión se vio envuelta en intrigas y batallas personales, de las que salió herida pero jamás se rindió. Era una luchadora, algo que había heredado de su madre, y su madre de su madre y así sucesivamente de todas las mujeres de la familia.

Cada obstáculo, cada piedra en el camino, solo fortalecían su espíritu y determinación. Cada vez que pensaba en las heridas, solo sentía orgullo de sí misma por haber sobrevivido y sentirse más fuerte y motivada para la siguiente etapa.

Un buen día, en uno de sus tantos viajes, Valentina conocería a alguien que le cambiaría la vida por completo. Ella aun no lo sabía, pero él la traería a este reino mágico y diferente. Su encuentro fue algo organizado por el mismísimo Universo, fue mágico y la atracción fue instantánea.

Él era una persona audaz y un aventurero, parecía no tener miedo. Valentina se dio cuenta que  esto provenía de una profunda confianza en sí mismo. Aunque él no mostrara sus temores abiertamente, Valentina entendió que su seguridad era la forma que él tenía de tapar sus propias inseguridades.

Compartían la pasión por los viajes y descubrieron juntos lugares encantados y mágicos. Un buen día, él le propuso a Valentina mudarse a su reino mágico y rico. El creía que su reino le ofrecería a Valentina lo que él creía que ella necesitaba. Así él le presentó su aldea, le habló de las maravillas del lugar, la llevó a conocer sitios soñados, le ofreció en bandeja un futuro prometedor y así ella dejó atrás su tierra de adopción en busca de un destino incierto pero emocionante.

Allí conoció a muchísima gente, participaba de sus fiestas, vestía sus trajes típicos, aprendió a hablar su idioma. Al principio todo era maravilloso, la vida le ofrecía un mundo lleno de oportunidades y felicidad.

Los paisajes le resultaban increíbles, con sus colores en otoño y primavera. Ella no había conocido inviernos tan largos y fríos. Aun así el invierno le pareció fascinante, con sus prados cubiertos de nieve y las sensaciones que en ella provocaba. El verano no era muy de su agrado… era húmedo y no podía llamarse realmente verano, se parecía, pero no lo era. Por este motivo, pensó ella, la naturaleza era tan exuberante en este sitio.

Valentina se dio cuenta que no todo era tan maravilloso como había pensado al principio. Comenzó a darse cuenta de que el reino no era como parecía, también tenía sus oscuras sombras y dificultades. Surgieron diferencias culturales y de expectativas que no eran tan sencillas de solucionar.

A pesar de la belleza del lugar y de lo mucho que tenía que aprender, siempre había batallas que la dejaban exhausta. La debilitaban física y emocionalmente, pero su espíritu fuerte y rebelde siempre la sacaba de estos apuros, y así encontraba la fuerza dentro de sí misma para seguir aprendiendo las lecciones de la vida y seguir adelante.

Aunque llevaba muchos años viviendo en este reino, ella nunca había olvidado sus raíces y se enorgullecía de sus tradiciones y cultura.
Comenzó a rodearse de gente, que como ella, habían llegado a este reino y así fue encontrando lentamente su lugar. Atravesó el océano en busca de sus raíces y su gente, y el viento, que no es rencoroso y no olvida a los suyos, la tocó nuevamente con el espíritu guerrero  y entonces ella encontró nuevamente la fuerza, con la que regresó al reino en el que vivía.

Se dio cuenta que daba igual donde viviera, la fuerza estaba dentro de ella, aunque se sintiera perdida y muchas veces fuera de lugar.

A pesar de las batallas, contratiempos y desencantos, Valentina se había adaptado, casi sin darse cuenta, a su vida en el reino. Se había ganado el respeto de su comunidad, y se había convertido en una figura destacada en los pueblos donde había vivido. A pesar de su carácter fuerte, ella también era una persona amable y compasiva. Era conocida por su espíritu independiente y algo rebelde, que se enfrentaba a la vida con determinación, alegría y mucho entusiasmo.

Un buen día al mirar el calendario, Valentina se dio cuenta que era un día 29 e hizo un comentario en voz alta: “¡Hoy es 29! ¡Día de los ñoquis!” Y una persona que estaba a su lado la miró extrañado y le preguntó: “¿Qué significa? Y ella decidió compartir con esta persona la historia y el significado detrás de la tradición. Le contó que los días 29, en su tierra lejana, la gente comía ñoquis y ponía debajo del plato un billete para atraer la buena fortuna, el trabajo y la prosperidad. Al día siguiente, esa persona le comentó que esa noche del día 29, había decidido seguir esa tradición y que había puesto su billete debajo de su plato de ñoquis. Y así se dio cuenta Valentina de lo importante que es mantener vivas las tradiciones y las creencias populares, como símbolo de unidad y fortalecimiento de los lazos universales.

Además de los ñoquis, esta mujer de carácter fuerte pero templado, gracias al conocimiento personal que fue desarrollando a lo largo de estos años en el reino de Baiuvarii, fue introduciendo comidas típicas de su Argenta natal y de Hispania, herencia de sus raíces.

Cuenta la leyenda que desde entonces la gente del reino, todos los días 29 ponen un billete debajo de su plato de ñoquis para atraer la prosperidad y buena fortuna, extendiendo a otros reinos la celebración.

Esta historia nos habla de muchas cosas: determinación, valentía, identidad, amor por uno mismo, tradición, cultura, aceptación, aprendizaje, oportunidades, compromiso y respeto. 

 

Hasta en los momentos más oscuros es posible encontrar la luz y la fuerza para seguir adelante.

Y colorín colorado, otra historia comienza….

2 comentarios en «Érase una vez…»

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