EL ASCO
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
El asco es una emoción primaria que, aunque a veces pasa desapercibida, tiene un papel fundamental en nuestra vida emocional. Sigamos entonces dándole LUZ a las emociones para saber cómo funcionan, qué nos generan, como podemos gestionarlas de forma saludable y eficiente.
Como seres humanos, el asco nos protege de sustancias peligrosas o dañinas para nuestra salud, como alimentos en mal estado, pero también puede aparecer como respuesta a determinados comportamientos que van en contra de nuestros valores.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, el asco, al igual que otras emociones como el miedo o la alegría, tiene un valor adaptativo: Nos ayuda a evitar situaciones, sustancias o incluso personas que percibimos como tóxicas o peligrosas. Sin embargo, lo interesante del asco es cómo puede extenderse de una reacción fisiológica, por ejemplo sentir asco a determinados olores o sabores a una reacción emocional o social. Esto incluye sentir repulsión ante comportamientos, actitudes o incluso ideas que consideramos moralmente incorrectas o perjudiciales, ya que van en contra de nuestros principios y valores.
Un ejemplo sencillo puede ser: Si en nuestra familia nos han enseñado a comer o a comportarnos de determinada manera cuando estamos sentados a la mesa, el ver a una persona comer con las manos, puede llevarte a esa emoción.
El asco emocional o social, nos hace sentir asco ante situaciones que nos resultan moralmente inaceptables o que van en contra de nuestras creencias más profundas. Por ejemplo, podrías sentir asco al presenciar una injusticia, la traición de una persona cercana, o conductas que tú consideras inaceptables, de acuerdo a lo que hayas aprendido o hayas vivido en tu infancia.
Manejo del asco desde la inteligencia emocional
El objetivo de la inteligencia emocional no es «eliminar» las emociones desagradables, sino aprender a reconocerlas y a gestionarlas de manera saludable.
A continuación te comparto algunos puntos para manejar esta emoción tan especial, con la que a menudo reaccionamos físicamente de forma automática, casi sin darnos cuenta.
Como con todas las emociones, es sumamente importante reconocer y aceptar la emoción: Lo primero es identificar que estás sintiendo asco. Muchas veces, esta emoción puede disfrazarse de enfado o rechazo. Darse cuenta de que en realidad lo que estás sintiendo es asco te permitirá tomar conciencia y evitar una reacción impulsiva, ser reactivo a la situación que se te presenta.
Explorar el origen del asco: Pregúntate por qué sientes esa repulsión. ¿Es una reacción instintiva, como ver algo sucio o peligroso? ¿O es un asco más profundo, relacionado con valores o creencias? Entender el origen te dará más control sobre la emoción, lo que nos conecta con el siguiente punto:
Intenta no juzgar inmediatamente: Como te decía al principio, esta emoción es instintiva. ¿Qué quiero decir con ésto? Al sentir asco el ceño se nos frunce automáticamente, nos echamos hacia atrás, sentimos repulsión. Por lo tanto, se entiende que puede resultar fácil que el asco nos lleve a emitir juicios rápidos y definitivos sobre una situación o una persona. Entender la emoción nos ayudará a practicar la empatía antes de reaccionar, y esto puede ayudarte a manejar la situación con más calma. No significa que debas aceptar lo que te repugna, sino que, al entender de dónde viene y aceptarla, te permitirá actuar con más objetividad.
Redirigir el asco hacia una acción constructiva: Si el asco surge de una situación moral o emocional (por ejemplo, corrupción, maltrato, injusticia), puede ser útil usar esa emoción como un impulso para el cambio. En lugar de quedarte solo en el rechazo, puedes preguntarte qué acciones concretas puedes tomar para mejorar la situación.
Y como siempre aconsejo, el autocuidado emocional: El asco puede ser una emoción muy intensa, y es importante no quedarte «atrapado» en ella. Practicar técnicas de relajación, meditación o algo tan simple como alejarte momentáneamente y de forma consciente de lo que te genera esa reacción puede ayudarte a restablecer tu equilibrio emocional.
Cuando digo «hacer algo tan simple como alejarse» significa: Si algo me da asco, me retiro o doy simplemente dos pasos hacia atrás, observo qué es lo que me da esa repulsión o rechazo, lo analizo y actúo de forma consciente.
El asco, como cualquiera de las emociones incómodas o desagradables, cumple una función protectora, pero el poder gestionarla de forma adecuada es fundamental para no dejar que esta emoción nos limite o nos lleve a reaccionar, en lugar de pensar y luego actuar.

Buen fin de semana y un abrazo de los que molan 🙂
Siempre hay red.