EL MALTRATO EN RELACIONES INTERPERSONALES

EL MALTRATO EN RELACIONES INTERPERSONALES

Hace mucho tiempo, en otra vida quizás, me hubiese molestado y mucho si, habiendo organizado con anterioridad con mis compañeros de trabajo el traer algo rico para probar y comer, no se hubiesen alegrado al verme llegar con todo lo que había preparado el domingo hasta bien entradas las once de la noche. Me hubiese puesto en el rol de víctima, en preguntarme si había dicho algo el viernes que les hubiese podido molestar. ¿Qué fue lo que dije? ¿Qué fue lo que hice?

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El lunes llegué al trabajo cargada con dos bolsas: en una traía una tarta de Brownie y queso y en la otra un pan de semillas y nueces sin harina del que habíamos estado hablando toda la semana y además una crema de pimientos para untar. Al entrar por la puerta di mis buenos días y me respondieron lo mismo, sin siquiera mirarme. Pensé: “Están ocupados con algo” y me fui a la cocina a dejar lo que había traído en la nevera y al volver a la oficina les comenté que había traído lo que había prometido el viernes anterior.

Me miraron y esbozaron un simple “Ok”. Solo uno de ellos se alegró al saberlo y vino a media mañana a probar el famoso pan del que todos habíamos estado hablando.

A media mañana le volví a decir a la compañera que se sienta conmigo en la oficina, que había traído el pan y volvió a responder con un escueto “Ok” sin decir otra palabra ni siquiera mirarme. Siguió concentrada en su ordenador. Pensé: “Debe haber tenido algún problema en la casa”

Lo supuse porque es una persona que, cuando algo le pasa, se cierra en ella y no habla. Me ha pasado de preguntarle si estaba bien y me ha contestado que si con mala cara. Luego de un par de días me ha soltado todo el rollo de los problemas que tenía. Pero esos días intermedios ha estado con su cara de mala gana, de mal humor, sin decir palabra en todo el día, sin hablarme. Como ya ha reaccionado de esa manera un par de veces, he decidido simplemente tomar distancia, para no contagiarme de su potente energía negativa.

A veces me pregunto si es un tema de educación, de cultura o de valores. En mi cultura no se vería normal que alguien llegase al trabajo con algo para compartir y no recibiera siquiera una sonrisa, un gracias, un ¡qué rico! un ¡qué bien! Una simple palabra, porque significa que esa persona ha pensado en las personas y ha ocupado su tiempo y su energía en preparar o traer algo para compartir y por sobre todas las cosas, no vamos a engañarnos: cuando alguien trae algo rico un lunes ¡qué mejor comienzo de semana! ¿No se nos alegra la cara?

Es cierto que todos tenemos problemas en casa, en la vida, en la familia, pero nada justifica una forma tan desagradable de ser, e independientemente de cómo sea cada uno, hay algo en lo que he trabajado en el último tiempo: Ya no permito el maltrato en mi vida. A veces me roza un maltrato, una frase dicha con mal rollito, pero lo reconozco enseguida. Tengo mis antenitas a flor de piel y mi cuerpo reacciona y ahora lo escucho y me va diciendo con una voz suave y agradable, cuidándome: Ale, por ahí no. No lo permitas, aléjate, ese no es tu sendero.

He entendido que los problemas ajenos son eso: Problemas ajenos. No son míos, no los hago míos. Yo decido y elijo quedarme con las sensaciones del domingo, disfrutando la preparación, la emoción de esperar que les gustaran mis recetas culinarias, del saber que iba a traer algo para compartir y con esto me quedo, ya que con esto soy feliz. También aprendí que las cosas se dicen una vez, no debo estar detrás de las personas recordándoles lo que dije. Yo preparé, traje y avisé. Mi trabajo termina ahí. Si alguien tiene un problema y le apetece compartirlo conmigo ¡me encontrarán para hablar siempre! Y cuando digo siempre, es siempre. Mi gente lo sabe.

Ya no voy detrás de la gente preguntando si se sienten bien, que si quieren pueden compartir conmigo y hablar. Basta de tonterías, que la vida es corta y es esta sola.
He decidido que mi camino no es facilitarle las cosas a las personas que van de víctimas manipulando por la vida. Ya tuve la experiencia hace mucho tiempo al convivir con una persona que cada vez que se enfadaba estaba tres días sin hablarme y yo detrás preguntándole qué pasaba, pensando si yo había hecho algo mal. Eso se llama violencia psicológica y ya no la permito en mi vida.

La vida es un ida y vuelta, es un doy y recibo, es un intercambio de palabras, de sonrisas, de cosas buenas, de energías. Mi buena energía no compite ni demanda ni intenta emparejarse con la mala energía. Ya no pierdo el tiempo con gente que no vibra en mi misma frecuencia.


Por eso estoy agradecida de las enseñanzas que me da la vida. La próxima vez que hornee algo será para mí y para las personas que, de acuerdo a mi educación y mis valores, se lo merecen. Lamentablemente en la vida hay que ser selectivos. Los animales lo son y nosotros somos animales, supuestamente, algo más evolucionados. Y sin embargo muchos de nosotros no hemos aprendido eso aún. Vamos por la vida pensando que la gente es buena y amable y muchos no lo son. Muchos vienen buscándote cuando no tienen a sus pares cerca, solo para criticar a otros. Antes yo los escuchaba, dándoles lugar para quejarse, y a mí ni siquiera me interesaba, ahora sólo reciben una media sonrisa, mi Aha, y sigo haciendo lo que estaba haciendo. No me quedo escuchando sus quejas.

Voy por mi sendero aplicando lo que he aprendido en estos últimos años: Para ser yo misma, no debo perder mi energía tratando de agradar a los demás.

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Me cuido, me quiero y elijo quien puede estar en mi vida y elijo a los que yo saco. Yo soy la entrenadora de mi equipo de futbol. Yo elijo quien juega y quién no en el partido de mi vida.

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