LA CULPA
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Estos últimos días se me han presentado diferentes situaciones donde la culpa aparecía en sesiones de coaching o en temas de conversación.
La culpa por haber hecho algo o culpa por no haberlo hecho.
Qué es la culpa y que entendemos nosotros por culpa.
Según la RAE, la culpa en términos de psicología es:
Acción u omisión que provoca un sentimiento
de responsabilidad por un daño causado.
¿Qué entendemos entonces como culpa? Entendemos la culpa como una emoción que surge cuando percibimos haber hecho algo malo o haber fallado en cumplir con nuestras propias normas morales o las expectativas de otros. La culpa implica un sentimiento de responsabilidad y remordimiento por nuestros actos, pensamientos o decisiones que hayamos tomado y que pueden haber causado daño, ya sea a otros o a nosotros mismos.
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La culpa también puede estar influenciada por factores culturales, sociales y familiares, que determinan las normas y expectativas que internalizamos desde que somos pequeños. Estos factores pueden moldear cómo interpretamos y respondemos a situaciones que nos puedan llegar a generar culpa.
Está relacionada con los valores que guían nuestra vida. Por ejemplo si la honestidad es uno de mis valores principales y me encuentro en una situación donde debo mentir, podría experimentar el sentimiento de culpa por haber violado uno de mis principios fundamentales.
Podemos sentir culpa cuando sentimos que no cumplimos con nuestras expectativas o las expectativas que otros han puesto sobre nosotros.
La culpa se divide en adaptativa y desadaptativa:
La primera nos ayuda a reconocer si hemos cometido un error y a poder resarcirnos, pidiendo disculpas o cambiando la forma de actuar.
La segunda es cuando, sin motivo aparente alguno, sentimos culpa por algo que nos impide disfrutar de la vida. Aparecen el juicio y el autocastigo. Genera irritabilidad, enfado, angustia, tristeza.
Cuando hablamos de culpa es importante saber que la culpa puede esconder emociones más profundas como la vergüenza, el arrepentimiento o el miedo a las consecuencias. Por eso es importante, cuando sentimos culpa, seguir los siguientes pasos:
- Reconocer en primer lugar qué es lo que me está causando esa sensación de culpabilidad.
- Preguntarme si la culpa que siento es por un hecho puntual que me ha pasado o por algo que estoy pensando que podría pasar, si actúo o no de determinada manera.
En este caso es importante definir por qué estamos sintiendo esa culpa. Recuerda que aquí intervienen siempre nuestros valores, las expectativas nuestras y de los demás, las creencias, lo que hemos aprendido de niños.
- En ambos casos ayuda mucho poder ver la situación desde “afuera”. Con esto quiero decir, ponerse uno como observador externo de la situación. Observarme y observar la situación y preguntarme: ¿Es real? ¿Cómo me hubiese gustado actuar? ¿Qué hubiese hecho otra persona en mi lugar?
- Si la culpa es por un hecho que he realizado, reflexionar y, si es necesario, disculparme y ver cómo puedo solucionar el problema o como podría actuar la próxima vez.
- Si la culpa es sobre un posible hecho que aún no ha sucedido (desadaptativa), parar un momento y reflexionar sobre qué es o quién me está generando esa sensación. ¿Soy yo misma? ¿Me lo genera otra persona? ¿Es real?
- Siempre recomiendo como ejercicio sentarse a escribir sobre qué es lo que me genera esa culpa y los posibles puntos a reflexionar o trabajar. A mí me funciona leer lo que he escrito un par de horas más tarde y mágicamente (o por esas cosas del cerebro) podremos ver las cosas desde otra perspectiva.
- Recuerda que la mayoría de las veces la culpa es un sentimiento que está detrás de emociones como la vergüenza o el miedo a posibles consecuencias si hago o dejo de hacer algo.
Es normal sentir culpa porque a veces queremos estar en un lugar y no estamos, porque la sociedad nos dice que está bien y que no, sin a veces tener en cuenta nuestras circunstancias de vida. Por eso es sumamente importante no enjuiciarnos y tratarnos de forma compasiva y con amor. No siempre podemos estar donde nos gustaría o creemos que deberíamos estar.
A veces es necesario soltar ciertos amarres para recordar que estamos donde hemos elegido estar, muchas veces, porque donde estábamos antes no estábamos bien.
Mi experiencia me ha demostrado que soltando, la vida fluye de forma acompasada, como si fuera una partitura. Y a veces lidiar con la culpa sin darnos cuenta del para qué de esa culpa, hace que choquemos una y otra vez contra muros y nos invada el enfado o la tristeza.
Recordemos que todo en la vida tiene un propósito, aunque nos parezca difícil y pensemos que el mundo está en contra nuestro, si aprendemos a confiar en nosotros y en la vida, será mucho más fácil entender que estamos en el camino correcto, si hemos actuado con el corazón.
