EL PLAN PERFECTO

EL PLAN PERFECTO

Estoy sentada frente a mi ordenador en la oficina intentando terminar de ingresar los datos de un documento por la baja de un artículo. Y no he podido seguir porque un pensamiento se cruzaba de forma insistente en mi cabeza. Al darme cuenta de que no podía concentrarme en el trabajo que estaba haciendo, decidí ponerme a escribir esta historia que voy a contarles.

Hoy por la mañana al salir de casa hacia el trabajo, la casera, como siempre, me dejó la correspondencia en el rellano de la escalera. Al ver un sobre junto a otros papeles pensé: otra factura. Cogí el sobre, junto con un par de prospectos de ofertas de supermercados que me había dejado, y lo metí todo en mi bolso. Ya lo vería al llegar a la oficina.

Como tenía unos minutos, pasé por el supermercado, que se encuentra a unos 500 metros del sitio donde trabajo, y compré una sandía que se veía roja y jugosa, unos tomates cherry, un queso para untar y un pan integral. Al llegar al trabajo, dejé algunas de las compras en la nevera, me preparé un té y encendí el ordenador.

Me puse a trabajar en ese documento que tenía que presentar y al girar la cabeza por encima de mi hombre izquierdo, vi el sobre que había dejado sobre mi agenda personal. Dejé mi tarea un momento y abrí el sobre esperando encontrar una factura o alguna publicidad. Por lo general es lo que siempre recibo.

Al abrir el sobre y sacar los documentos me sorprendí. No eran facturas, no era publicidad. Era un documento sellado y con escritura antigua. Y recordé que hacía un par de meses me había puesto, a pedido de mi amiga Virginia, a buscar los datos de sus bisabuelos alemanes que habían emigrado hacia Argentina alrededor de 1906. Fue una búsqueda intensa, por internet, entrando a todas las páginas que iban apareciendo hasta que una tarde encontré una página que se llamaba Archivo de Berlín. Me llamó la atención y me puse a revisar para ver qué podía encontrar en esa página de internet. Para mi sorpresa estaban todos los datos desde 1874 de todos los ciudadanos alemanes que habían nacido y se habían registrado en los archivos de cada pueblo o ciudad. Me sentía como si estuviera hojeando esos libros enormes antiguos, en los que al dar vuelta la hoja uno lo hace con sumo cuidado por la antigüedad de los libros.

A medida que le encontraba el sentido a como estaban archivados los datos fueron apareciendo las fechas y los nombres. Hasta que en un momento encontré a la bisabuela de mi amiga. Como los nombres estaban escritos en alemán antiguo le envié una captura de pantalla a un conocido alemán para que me dijera qué era lo que decía esa página. A los 5 minutos me escribía por mensaje el nombre Truebenbach, tal cual yo lo había leído e interpretado. Estaba emocionada, había encontrado a la bisabuela de mi amiga en unos archivos de 1800 en Alemania. Seguí buscando hasta encontrar también los datos de la boda de sus bisabuelos. Con todos estos datos busqué la dirección del email del archivo general y les escribí. A las dos semanas recibía la partida de nacimiento de la bisabuela con sellos y firmas y al ver el sobre me emocioné. Me alegré por mi amiga ya que había comenzado la búsqueda de sus orígenes, emigrantes desde un país lejano, con un idioma difícil y para ella encontrar estos datos iba a ser complicado y para mí se abría un mundo nuevo. Escribirme con las autoridades en Berlín, pedir datos ¿Cómo lo iba a hacer? Siempre dije que soy una eterna buscadora y la verdad, que las búsquedas se me dan bien. Me gusta buscar y más me gusta encontrar. Al recibir la partida de nacimiento de la bisabuela, con una carta que me informaba que los otros datos que necesitaba los tendría que buscar en otra ciudad, pensé: bueno, voy a tener que seguir buscando.

Envié otro email, a la dirección que me habían facilitado, solicitándoles la partida de nacimiento del bisabuelo y la copia del certificado de matrimonio de ambos. A los pocos días me contestaron que ellos no tenían esos datos y me pedían que contactara con otra oficina.

Pensé, si comenzamos así, no podré encontrar los documentos que faltan. La semana pasada decidí volver a escribirle a los archivos de Berlín, explicándoles la situación.

El sobre que hoy tenía en mis manos venía también de Berlín y acompañando al documento oficial venía una carta de disculpas por la información que me habían facilitado anteriormente.

Luego de leer el certificado unas cinco veces, porque estaba escrito en alemán antiguo, me di cuenta de que era el certificado de matrimonio que tanto ansiábamos encontrar. Me puse feliz de saber que ya tenía el documento en mis manos y solo pensaba en las horas de diferencia con Buenos Aires para poder darle la buena nueva a mi amiga.

Hasta que ese pensamiento me cruzó por la cabeza: ¿Ha sido, quizás, éste el plan perfecto del Universo? ¿Y si el motivo por el cual yo estaba en Alemania era poder darle este valioso regalo a mi amiga? Y recordé que el motivo por el cual vine a Alemania había sido ella.

Y este pensamiento me envió rápidamente, como si me transportara a través de una máquina del tiempo, a octubre de 2010, cuando ella me había venido a visitar un mes a Madrid. Organizamos salidas y viajes de fin de semana. En uno de esos viajes fuimos a Lisboa y conocimos a dos chicos alemanes. Fueron un par de horas de risas y charlas en inglés e intercambiamos emails. Al día siguiente nosotras volveríamos a Madrid para organizar el siguiente fin de semana en Marrakech. El último fin de semana que le quedaba a Virginia, habíamos hablado de ir a Milán y en uno de esos emails que comenzamos a escribir con los chicos alemanes, nos dijeron que fuéramos a Múnich, que la ciudad era más bonita que Milán. Y Virginia se emocionó y me dijo: me encantaría ir porque mis abuelos eran alemanes.

Así comenzó mi historia en Alemania.

Vine a disfrutar un fin de semana con ella porque era la tierra de sus abuelos y 14 años después tengo los certificados de su familia en mis manos.

Y me trae a la mente el hecho de que las cosas siempre suceden por alguna razón que desconocemos y en algún momento todo cobra sentido. Todo se acomoda. Es cuestión de confiar y hacerle caso a la intuición.

Está claro que si yo no hubiese estado aquí y si ella hubiese necesitado estos documentos, los hubiese podido conseguir de otra forma. Pero los “y si” “hubiera”, “hubiese”, “podría haber sido” y todas sus variantes no entran en mi vocabulario. Así que prefiero pensar que es una más de las respuestas que aparecen a mi pregunta de ¿“por qué Alemania”?

El Universo tiene sus formas de hacer que las cosas sucedan. Por lo menos a mí me gusta pensarlo así.

Nadie nos dijo que iba a ser fácil, como dice la canción. Pero ¿a que es emocionante?

Un brazo de los que molan.

2 comentarios en «EL PLAN PERFECTO»

  1. Gracias Amiga querida … no sé si hubiera conseguido algo sin vos ahí, lo más probable es q no hubiera ni pensado en esa búsqueda. Ahora se abrió un mundo de gente que no sabía ni que existía. Este mundo tiene mucho por descubrir y desde hace muchos años estamos juntas en esta aventura … aunque lejos … siempre cerca 💕💕💕

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