VOLVER A EMPEZAR
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Hace un par de meses comencé a escribir un texto sobre una parte de mi vida. Esa parte relacionada con las relaciones personales de mi vida sentimental y fueron saliendo muchas cosas que no recordaba, emociones que había guardado bajo llave en algún recóndito lugar de mi alma.
Situaciones que había vivido y que, hoy de forma racional, vuelvo a preguntarme quién era yo, cómo había aceptado tantas cosas durante tantos años, contrarias a lo que yo en realidad deseaba. Esta persona que hoy escribe, es la que realmente soy. También aquella que viví esas situaciones.

Y entonces se me cruzaron un par de preguntas:
¿Quién soy yo cuando estoy con alguien? ¿Quién dejo de ser?
Aparecieron respuestas tales como:
Soy una persona que siempre ha dado, pero que le ha costado mucho recibir. Soy una persona que dejaba de lado mis sentimientos por querer agradar o agasajar a otros, esperando que el otro reaccionara de la misma forma.
¿Qué pasa cuando uno sólo es un dador? Pues que se le acercan tomadores. Entonces la vida no está en equilibrio, no puede fluir de una forma pacífica, tranquila y natural.
El concepto de «dadores» y «tomadores» viene del libro «Give and Take» de Adam Grant, un psicólogo organizacional y profesor en la Universidad de Pensilvania. Él se dedicó a explorar diferentes enfoques sobre la actitud que las personas adoptan en sus relaciones profesionales y personales y cómo estos enfoques afectan el éxito y la satisfacción en la vida.
El dador es aquel que se dedica a dar, supuestamente, sin esperar nada a cambio. El tomador es aquel que tiende a buscar sus propias ganancias y beneficios, a menudo a expensas de otros.
¿Qué sucede en una relación de pareja cuando a tí también te gustaría recibir afecto, atención o cariño pero ¿estás con alguien que sólo sabe recibir? Pues que la balanza comienza a desequilibrarse.
Y estos son los problemas que pueden llegar a aparecer:
- Desgaste Emocional del Dador: El dador, al estar enfocado en las necesidades y deseos de su pareja, puede comenzar a sentirse emocionalmente agotado o resentido. La falta de reciprocidad, donde el dador da mucho y recibe poco a cambio, puede llevar a una sensación de desvalorización. Con el tiempo, este desgaste emocional afectará la autoestima provocando sentimientos de frustración y de no ser valorado lo suficiente.
- Posible Dependencia del Tomador: El tomador al estar acostumbrado a recibir, puede reclamar o manipular a la otra parte, volviéndose a la vista del dador, como alguien egoísta. Esto puede crear una dinámica donde el tomador no valore lo suficiente lo que el dador hace.
Estas situaciones pueden generar roces en la pareja, sobre todo en el apoyo emocional mutuo o en la toma de decisiones. La dinámica que se genera no suele ser sana, ya que una de las partes se apoya en lo que desea recibir y el otro, en algún momento, se da cuenta de todo lo que está dando sin recibir mucho a cambio. Esto puede llevar a una acumulación de resentimiento por parte del dador, al no verse reconocido por su pareja, lo que implica discusiones frecuentes, reclamos y distancia emocional.
¿Cómo se sale de este bucle?
Primero reconociendo lo que te está pasando y dejando de justificar el comportamiento del otro.
Reconociendo que es lo que quieres y necesitas. Hazte una lista de tus necesidades y deseos. Recuerda que escribir es una herramienta muy potente, ya que al plasmar tus pensamientos en un papel te permite bajar a tierra aquello que, a veces, se hace difícil de explicar a otros. Luego lee en voz alta lo que has escrito. Esto te ayudará a ir recuperando la autoestima y a reconocerte y saber qué quieres y quién eres.
Aprende a poner límites. Aprender que los límites son necesarios en todos los ámbitos de la vida, sea profesional o personal, es un paso fundamental para una relación sana y gratificante.
Siempre recomiendo comenzar con acciones pequeñas para que, una vez que se torne más fácil, poder dar el paso hacia el siguiente nivel. ¿Qué quiero decir con ésto?
Comenzar poniendo límites a pequeños detalles de la vida cotidiana que pueden molestarte. Para ello puedes hacerte una lista de todas las cosas que te molestan en tu día a día, aquellas cosas que te sobrepasan y luego te haces esa pregunta: ¿Por qué no le dije esto o aquello? ¿Por qué permití ésto?
Lo fundamental en estas situaciones es la comunicación con la pareja. Poder comunicarle lo que te está pasando y que la persona, si es empática, pueda ponerse en tus zapatos y poder hablar de las posibles soluciones para afrontar el tema juntos antes de caer por el barranco de “ya no hay solución”.
La relación entre un dador y un tomador puede ser compleja y potencialmente desequilibrada, pero con esfuerzo y comunicación, es posible encontrar un equilibrio que beneficie a ambos.
Buscar apoyo en familiares, amigos o profesionales te puede ayudar a aflojar tensiones y encontrar posibles soluciones. Habla con personas en las que confíes o busca personas que hayan pasado por lo mismo.
Mi lema es “siempre hay red”. Siempre hay alguien que ha pasado por una situación similar y puede ayudar de forma empática y real.
Lleva tiempo recuperar tu autoestima y recordar quién eras. Pero se logra, con el apoyo de la gente y siendo responsable tú mism@ de tu vida.
Es fundamental que sigas los siguientes pasos:
- Aprende a cuidarte, eso llevará a que aprendas a quererte.
- No te juzgues. NO eres ni tont@, ni ridicul@. Eres una gran persona que simplemente le gusta dar.
- Aprende a recibir. Es maravilloso cuando dejas que otro cuide de tí. La sensación es reconfortante y gratificante. Tiene mucho que ver con la energía femenina y/o masculina que tenemos y cómo nos mostramos al mundo.
- Conoce tus emociones, recíbelas con amabilidad, respétalas y aprende a escucharlas. Te están diciendo algo. El enfado quizás no es sólo enfado. Puede ser tristeza escondida detrás de ese enfado. Recomiendo nuevamente escribir. Escribe las emociones que tienes. Desarrolla ese párrafo contando qué es lo que te pasa, cómo te sientes y qué te gustaría sentir.
- Busca actividades que te den paz: un paseo por el lugar donde vives. Date un gusto. Siempre digo que una ducha puede ser simplemente una ducha o puedes vivirlo como una experiencia gratificante sintiendo como el agua se lleva la energía negativa y te sientes renovad@.
Recuerda que para caminar hay que dar un primer paso, tal como lo hacen los bebés. Aprender a conocerse es fundamental. Saber qué es lo que quieres en tu vida es importante para que puedas vivir una vida de forma gratificante, tal como quieres vivirla.

Buen domingo y un abrazo de los que molan.