EL RESPETO
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Ultimamente el tema del respeto me acompaña a donde voy. A través de mis sesiones o en temas de conversación de la gente que se cruza conmigo.
La semana pasada, en mi última sesión, yo le afirmaba de forma contundente a mi coach que para mí el respeto era un valor que llevaba en mis células. Que al ser un valor de ida y vuelta, como le llamo yo, es un valor que no puede faltar en mi vida. ¿Qué significa que es un valor de ida y vuelta? Que si yo te respeto, exijo que tú me respetes.

No existe el valor como respeto unidireccional, siempre es bidireccional. Hay valores que son unidireccionales, como la belleza, el amor, la gratitud, el compromiso. Lo que a mí me parece bello, puede no serlo para ti. Yo puedo sentir amor por los animales y a ti no es algo que te preocupe realmente en tu vida. Yo puedo estar agradecida por la vida que me ha tocado pero no puedo exigirte a ti que sientas lo mismo.
El respeto en cambio debe ocurrir en ambos sentidos. Si yo te hablo con respeto, voy a pedir que tú lo hagas conmigo y así en muchísimas situaciones que nos suceden en nuestro día a día.
¿Qué pasó en mi sesión? Pues que yo comentaba que si el respeto es uno de esos valores con los que no negocio, mi actuar decía lo contrario. Por un lado le decía a mi coach que en mi camino solo aceptaba personas que entendieran el respeto como yo lo entiendo: sin excusas ni manipulaciones ni juicios. Y por otro lado aceptaba en mi vida personas que, claramente, no me respetaban.
¿Cómo me doy cuenta? Pues si algo me molesta de la actitud de esa persona hacia mí, significa que está cruzando mi línea roja y yo lo estoy aceptando. Aunque se escuche por todos lados, es cierto que una relación fluye cuando hay respeto mutuo. No hay interferencias, no hay molestias, puede haber malos entendidos o discusiones, pero siempre, siempre la relación fluye.
Si yo estoy con personas que me trata mal, por ejemplo:
- nunca es puntual cuando quedamos en algún sitio,
- me pregunta de mi vida y yo de forma honesta le cuento, abiertamente, sin problemas, pero luego cuando yo pregunto, no me quiere contar de la suya y busca evadirse,
- vamos a un espectáculo y siempre está pendiente de otras personas y no de mí, sin interesarse por como estoy o qué hago,
- cuando le cuento algo que para mí es importante, me dice que eso no le parece tan importante,
- ocupa mi espacio físico y cuando le pido mi espacio me dice que no sea tan quisquillosa, ignorando mis límites físicos y/o emocionales,
- me habla sin mirarme a mí, sino mirando a otras personas,
- gritos, insultos, menosprecio, indiferencia, silencio. La lista puede ser muy larga.
Entonces no estoy respetándome a mí misma si acepto personas con estas características. Estoy actuando en contra de lo que realmente digo que quiero en mi vida.
El respeto es escuchar y comunicarse con la otra persona, prestando genuina atención a lo que dice, mostrando interés en lo que quiere transmitir y dando lugar a un diálogo abierto y honesto. De esta forma yo me puedo sentir contenida, escuchada. La otra persona podrá estar o no de acuerdo conmigo, pero hablando se entiende la gente.
Es valorar las opiniones y sentimientos, aunque pensemos diferente, evitando juicios o minimizando lo que yo siento. Es mostrar empatía y apoyo en momentos difíciles con comprensión, compasión y sin juzgar.
Es evitar dinámicas de poder, ya que las decisiones deben ser compartidas. El control y la manipulación quedan fuera de estos principios.
Algo fundamental para mí para que haya respeto es que debe haber honestidad y transparencia a la hora de comunicarse. Ser sincero es una de las cualidades del respeto. Sentir que puedes confiar en la otra persona.

Ser considerado con el otro escuchando sus deseos y lo que necesita para que esa persona se sienta valorada y cuidada.
Al finalizar la sesión me di cuenta que muchas veces uno habla creyendo que lo que dice es lo que hace. Pero a veces no es así. Por querer ser aceptada, por querer participar en la vida de otros, por no sentirse uno solo, a veces acepta situaciones que están en contra de lo que uno realmente quiere en su vida.
Por eso amigos míos, desde este momento proclamo y decido que solo caminarán junto a mí aquellas personas que me respeten como yo los respeto.
Es cierto que en determinadas situaciones, como en el trabajo, uno no puede elegir tan libremente si tu jefe o compañeros de trabajo caminan en tu camino o no. En esas situaciones queda aprender a ser asertivo y educadamente y sin enfadarse poder decirle a la persona que por ahí no es el camino. Puedo decir por experiencia propia que se logra. Uno logra el respeto por su trabajo, su forma de actuar y aunque no terminemos siendo los mejores amigos, nos respetamos por nuestro trabajo.
Hace muchos años, yo estaba pasando por una situación difícil en mi trabajo aquí en Alemania. Una persona que decía ser amiga mía, no aceptaba que me fuera bien. Me habían nombrado team leader del departamento internacional y ella buscaba hacerme la vida imposible dentro del trabajo manipulando a la gente para que se pusiera en contra mío, y la verdad, que estuve meses sin poder dormir bien. Ir al trabajo se me hacía cuesta arriba. Me levantaba de madrugada llorando y sin entender por qué ella hacía eso. Un día una persona importante en mi vida me dijo:
- No entiendo por qué estás mal.
Y yo le conté de mis dudas, de mí sentir, de lo mal que lo estaba pasando. Y él me dijo:
- Es muy simple Alejandra. Si tú estuvieras en tu país, ¿te irías a tomar una cerveza con ella?
Mi respuesta fue instantánea: NO
- Entonces por qué le das tanta importancia. Rodéate de gente con la que te tomarías una cerveza.
Y esa frase, que años más tarde leería en un periódico dicha por Steve Jobs en una entrevista en 1998, me serviría para quitarme la angustia, la desesperanza y centrarme en qué y a quién quería yo en mi vida.
Para no dejarlos con la duda sobre qué fue lo que le pasó a esa persona, años más tarde la despidieron. No colaboraba con el equipo y generaba tensiones. Aunque ustedes piensen que yo me alegré, pues no fue así. No sentí nada. Había soltado tanto el lastre que, interiormente, le deseé que le fuera bien y encontrara la manera de ser feliz.
Al fin y al cabo solo tenemos esta vida para disfrutarla. No deberíamos cargar en nuestra mochila de vida situaciones, experiencias o emociones que no nos beneficien.
Aceptar, perdonar, soltar, poner límites es una forma saludable de caminar este camino de forma ligera y enfocados en nuestros objetivos.
Un abrazo de los que molan y buen domingo y mejor semana.
