Elogios
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
En Diciembre del 2023 me compré una agenda nueva. Una rutina que me encanta y que adopté en el 2019. Necesitaba organización en mi vida y no sabía que se iba a hacer rutina hasta que en 2020 comencé con mis sesiones de biodecodificación, que luego me llevaron a apuntarme a mi curso profesional como Coach y más tarde a disfrutar de la agenda apuntando las sesiones con mis clientes. Ya llevo un par de años escribiendo en ellas, no solo agendando reuniones, sino también mis cursos, talleres, clases, salidas y todo lo que haga en el día a día. En los últimos años, he ido un paso más allá y comencé a escribir situaciones que me pasaban a diario.

Buscando la agenda para el 2024, decidí repetir con una que había tenido en el año 2020. Es de una empresa alemana, bonito diseño, vista semanal y alguna que otra reflexión que me gusta leer. Al entrar en la página web vi que tenían, además, otro tipo de agendas, memos, calendarios y descubrí uno que me resulto tentador y era un libro diario que servía para los próximos tres años y que uno podía empezar cuando quisiera. Se llamaba: «Charla profunda – Un viaje hacia mi mism@». No venía con fechas escritas, sino que la escribías tú mismo. Así que me decidí y también lo encargué. Al recibirlo me encantó. Tapa dura, de color beige con dibujos en color arena y letras en dorado. Al abrirlo me encontré con dos columnas por página y por cada día una pregunta diferente. A su vez estaba separado en 3 espacios horizontales y cada espacio correspondía a un año, siendo la pregunta la misma para los tres años.

Comencé a completarlo el 2 de enero de 2024 y cada vez que escribo, me pregunto qué escribiré en el 2025 o en el 2026 y cuando lea lo que escribí en 2023 ¿qué sentiré? Es realmente excitante la sensación.
Son preguntas de reflexión personal, de emociones, de inspiración. Hoy miércoles 9 de enero he descubierto algo que me ha impactado y que quizás me traiga repuestas a los últimos 12 años que llevo viviendo en Alemania. La pregunta en cuestión fue: “¿Por qué recibes elogios con frecuencia?”
Y me puse a pensar por qué motivos recibía elogios con frecuencia y me di cuenta que mi mente iba, si o si, siempre a mis amigos, familiares, conocidos en España o Argentina. Tuve que buscar muy, pero muy profundo en mis últimos 12 años para encontrar algún elogio que hubiera recibido aquí. La sensación física fue como si yo no hubiese estado aquí estos últimos 12 años, como si no le hubiese importado a nadie de aquí. No es que yo espere elogios con frecuencia, no me entendáis mal, pero no recordaba ninguno en estos últimos años.
Rebuscando en lo más profundo y recordando a casi cada persona con la que me he cruzado aquí en Alemania, logré traer a mi memoria dos recuerdos de dos personas que me dieron un elogio.
En el año 2011, cuando recién llegaba a Alemania, me había apuntado a 2 cursos de alemán para poder agilizar el aprendizaje. Iba a una escuela y además iba a una profesora particular. Luego de varias clases con la profesora particular, Ursula F., un día me dice: “Te voy a enseñar una nueva palabra: Zuverlässig”. Y yo me quedé mirándola con cara de Ok, ni idea…y me dice: “Significa que eres una persona confiable, responsable. Cuando dices que vienes, sé que vas a venir. No tengo que estar mirando el reloj, porque sé que vienes”. En ese momento pensé: sí, claro que soy responsable ¡lo he sido toda mi vida! Años más tarde, pensando en ese momento, me doy cuenta, que ese es un Valor muy importante, que me gusta mantenerlo y cuidarlo. Además me ha hecho revalorar situaciones y personas en mi vida. Si la gente sabe que puede contar conmigo, pues ahora me rodeo de gente con la que yo sé que también puedo contar.
La segunda anécdota es del año 2013, cuando Tobías R. un ex jefe mío, nos reunió a algunos colegas del departamento para solucionar un problema que había en el equipo. El ambiente se fue caldeando y en el medio de la discusión, recurrí a los documentos que había llevado para poder defender mis ideas. Cuando terminó la reunión me dijo, separados ya del grupo: “Eres muy buena ¿lo sabías? Nadie ha venido con algo por escrito y así has podido defender tus ideas” (si, lo sabía y lo sé, pero tengo un problemita en reconocerlo, estoy en ello).
¡Y ya está! Por más que intente recordar no logro recordar otro elogio válido que pueda rescatar. Y digo válido, porque no tengo en cuenta esas charlas entre conocidos que te dicen lo maravillosa que eres.
Y de repente fue como un ¡Wow! Y pensé, aquí la gente no se elogia, no he escuchado siquiera elogios entre colegas, amigos, familiares. Algo directo, de tú a tú, de esas cosas que te hacen tener esa sensación de haber hecho algo bien.
Y yo soy una persona que cree que un elogio sincero, bien hecho, con una sonrisa diciéndole a alguien lo bien que lo ves o lo bien que ha hecho algo, hace sentir bien a la otra persona y además, crea una conexión entre esas dos personas. Creo que esa falta de conexión ha hecho que yo no conectara tampoco con esta sociedad, que percibo fría, distante y quizás algo superficial.
No es costumbre elogiar y elogiar significa ser generoso con el otro. Silvia, una amiga, me comentaba hoy, que aquí es como que se da todo por sentado, que debe ser así. Pensando en ello, me vino a la memoria un recuerdo donde un conocido, al que no le gusta mucho el futbol, mirando un partido me dijo que no entendía por qué se aplaudía a los jugadores “si nadie me aplaude a mí en el trabajo”.
Dicen que lo que uno puede ver afuera, es porque lo lleva dentro y el reconocerlo es de Valientes, de saber quién eres. Decirle algo bonito a una persona no te hace ser menos persona. Reconocer un trabajo bien hecho no te hace ser mal jefe.
Volviendo a mí, a mi descubrimiento, me he dado cuenta que he estado esperando algo que quizás nunca iba a llegar. Un reconocimiento, una palmadita en la espalda, un comentario de lo bien que lo estoy haciendo. Y me hace pensar: ¿Para qué necesito ese reconocimiento? ¿Qué estoy esperando que me digan?
Soltar esta necesidad y dejarme llevar, me acerca a la libertad. Simplemente ser yo. Es el momento de ser yo, como soy, sin importarme qué dirán o pensarán. Sin esperar nada a cambio. Es un buen sitio para aprender a ser uno mismo.

Y tú ¿también estás esperando ser reconocido? ¿Qué significa para tí ese reconocimiento? ¿Para qué estás esperando ser reconocido?
Te dejo estas preguntas de reflexión.
Un abrazo de los que molan y un deseo de un tranquilo pero bonito domingo.
Ale