GRATITUD
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Dejé este texto para el final porque para mí significa mucho. Para alguien como yo, que vive lejos de su gente y de sus tierras (lo digo en plural porque nací en Argentina y viví en España y las siento a ambas como mías), la gratitud es mucho más que un simple «gracias». Es una forma de reconocer y valorar las cosas buenas de la vida, incluso en medio de las dificultades. Es un estado de aprecio que me conecta con el presente, me permite reconocer los gestos de los demás y valorar los aspectos positivos de las experiencias vividas. Y en estas fechas, estoy tan agradecida por lo que me ha tocado vivir en este 2024 que se va acabando, que decidí dejarlo para el final, como si del mejor postre del mundo se tratara.
Como es algo muy importante te recomendaría que te tomes tu tiempo para leer este texto y tengas a mano lápiz y papel.
Dicho esto, tomemos este preciso momento para darle a la pausa, reflexionar y abrirnos a una mentalidad más agradecida, una actitud que tiene el poder de transformar profundamente nuestra vida.
Practicar la gratitud no significa ignorar las dificultades, significa aprender a encontrar momentos de luz incluso en los días más oscuros. Es una herramienta muy poderosa para tener una perspectiva más equilibrada y positiva frente a la vida.
Gratitud es una palabra que escuchamos con frecuencia, pero su significado y alcance son más profundos de lo que pensamos. Como escribí anteriormente, no se trata solamente de dar un “gracias”.
Hoy exploraremos el poder transformador de la gratitud, un hábito que puede cambiar profundamente nuestra manera de percibir y relacionarnos con el mundo que nos rodea.
En este espacio quiero compartir contigo qué significa para mí la gratitud, cómo podemos integrarla en nuestra vida cotidiana y los beneficios que puede ofrecernos. Además, te propondré algunos ejercicios prácticos de gratitud que te ayudarán a dar los primeros pasos en esta valiosa práctica.

Diversos estudios han demostrado que practicar la gratitud de forma regular no solo mejora nuestra salud mental y fortalece nuestra resiliencia, sino que también contribuye a nuestro bienestar físico.
Las personas que practican la gratitud con regularidad experimentan menos estrés y ansiedad, lo que puede afectar de manera positiva en gran medida a su salud física, incluida una presión arterial más baja. Mejora la función inmune, reduce los síntomas de dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y tensión muscular, e incluso puede aumentar la esperanza de vida simplemente debido a una mejor salud mental en general.
Practicar la gratitud de manera regular no solo nos hace sentir bien, sino que literalmente transforma nuestro cerebro
Cuando centramos nuestra atención en los aspectos positivos de la vida y nos alejamos de las emociones desagradables, activamos mecanismos neurológicos que fomentan la felicidad. La gratitud estimula la producción de dopamina y serotonina, neurotransmisores que activan el «centro de felicidad» en nuestro cerebro, generando sentimientos de satisfacción y bienestar.
Además, las investigaciones demuestran que practicar la gratitud de forma constante entrena nuestra corteza prefrontal, la parte del cerebro asociada con la toma de decisiones y el pensamiento racional, para enfocarse en experiencias y pensamientos positivos. Este proceso reduce la influencia de los pensamientos negativos y hace que la gratitud se convierta en una respuesta más natural, casi automática, ante nuestras vivencias cotidianas.
Y esto yo lo confirmo porque lo practico a menudo: es como un músculo, cuanto más lo ejercitas, más fuerte se vuelve. Al practicar la gratitud regularmente, estamos entrenando nuestro cerebro para retener experiencias positivas y observar la vida desde una perspectiva más optimista.
Cada día, cuando voy al trabajo, conduzco por una carretera que atraviesa un precioso bosque de pinos y robles. Cada estación del año es una maravilla, en invierno los árboles arqueados por el peso de la nieve, en primavera los verdes fosforescentes de sus hojas nuevas, en otoño la maravilla de los diferentes colores de sus hojas y en verano todo florece y es exuberante. Con esto te quiero decir que los 365 días del año estoy agradecida por recorrer parte de esa carretera. Cuando la gente me mira con pena por los kilómetros que a diario debo recorrer, simplemente les digo que yo estoy agradecida. Es cierto que pasan cosas horribles cada día en este planeta, pero yo estoy agradecida por la vida que me ha tocado vivir, a pesar de muchas cosas.
Siempre intento ver el lado positivo y estoy agradecida por ello. Intento no quedarme en bucle por las situaciones terribles que se ven, viven, suceden a nuestro alrededor.
Estoy agradecida a la gente que me quiere, me apoya y me escucha sin juicio, y eso para mí es algo fundamental viviendo lejos de donde nací y viví. Agradecida por una cerveza fría o un buen vino tinto de la tierra, por una comida preparada con amor, por las risas en una cena con amigos, por los viajes que puedo hacer para visitar a los míos, por el trabajo que me permite hacerlos.
La gratitud puede manifestarse de distintas formas. Podemos sentirnos agradecidos por alguien o algo en momentos específicos de nuestra vida, como un evento, un gesto o una experiencia significativa. También podemos desarrollar la gratitud como un rasgo de carácter, una actitud constante que nos permite vivir con aprecio y atención plena.
Ahora te invito a reflexionar y a escribir:
¿Puedes recordar un momento en el que te sentiste realmente agradecido? Escribe aunque solo sea un momento que viviste, especial, donde sentiste ese estado de agradecimiento.
¿Qué lo hizo tan especial? Tal vez fue un acto de bondad inesperado, una situación que te permitió superar un desafío o simplemente el reconocimiento de alguna situación cotidiana y que a decir verdad, solemos pasar por alto.
Y te invito a dejar ese papel a la vista los próximos días. Te darás cuenta que cuando lo vuelves a leer, sonries y que ese momento lo vuelves a vivir con las emociones que has sentido con esa experiencia.

Cuando exploramos momentos de gratitud, descubrimos que esta práctica no solo ilumina nuestra vida, sino que también fortalece nuestras conexiones con los demás y con el mundo que nos rodea.
Sin embargo, hay un aspecto esencial de la gratitud que a menudo pasamos por alto: estar abiertos a recibirla.
Aceptar la gratitud es tan importante como ofrecerla. Muchas veces, cuando alguien nos expresa agradecimiento o reconoce nuestros logros, tendemos a minimizarlo o restarle importancia, quizás por modestia o incomodidad. Pero recibir gratitud de manera genuina fortalece este intercambio bidireccional y nos permite reconocer nuestro propio valor.
La gratitud es un flujo de energía que conecta. Es un ida y vuelta, en el que damos y recibimos, un ciclo que refuerza relaciones, crea confianza y fomenta una mayor conexión emocional. Para permitir este intercambio:
- Reconoce y acepta el reconocimiento. Permítete sentirte orgullos@ por lo que has hecho. En lugar de minimizarlo, acepta el agradecimiento como un acto de conexión.
Reconocer lo que has hecho bien no es arrogancia, es una forma de gratitud hacia ti mismo y hacia quienes te han apoyado. - Sé consciente del impacto de recibir gratitud. Cuando alguien te agradece, estás siendo parte de su experiencia de gratitud, y eso es un regalo poderosísimo.
- Cambia tu respuesta. Yo he cambiado el “no es nada” por un “me ha encantado ayudarte”. En las culturas latinas, es común responder a una muestra de agradecimiento con expresiones como “no es nada” o “no te preocupes”. Estas frases, aunque bienintencionadas, tienden a minimizar el valor del gesto o esfuerzo de alguien que nos está agradeciendo. En cambio, reemplazar estas respuestas por un sincero “fue un placer” o “gracias por reconocerlo” no solo refuerza el intercambio de gratitud, sino que también da validez a la conexión emocional que surge de ese momento. Y practicar esto nos cambia la perspectiva del agradecimiento, nos hace valorar lo que hemos hecho por el otro.
Cuando alguien nos agradece, se crea un ciclo de ida y vuelta que fortalece las relaciones y fomenta la confianza.
La gratitud es un flujo continuo. Aceptarla con apertura y humildad nos ayuda a fortalecer nuestras relaciones y a crear un entorno de respeto y reconocimiento mutuo. Recuerda: Dar y recibir gratitud son dos caras de la misma moneda, ambas igual de importantes. Aprender a recibir es tan importante como saber dar. Cultivar la gratitud como un intercambio en dos direcciones nos ayuda a crecer como personas y a construir un entorno más positivo y enriquecedor.
Es posible que algunos de ustedes ya estén practicando la gratitud y otros se pregunten: ¿por dónde empiezo?
Ejercicios prácticos para cultivar la gratitud
- Diario de gratitud
Antes de acostarte, escribe tres cosas por las que estás agradecido a alguien, a algo y a ti mismo. Pueden ser grandes logros o pequeños momentos, como un café caliente por la mañana o una conversación interesante con un colega de trabajo. - Carta de agradecimiento
Escribe una carta a alguien que haya tenido un impacto positivo en tu vida. Aunque no llegues a enviarla, el acto de reconocer y expresar gratitud fortalecerá tus emociones positivas. - Pausa para la gratitud
Durante el día, toma un momento para detenerte y reflexionar sobre algo que valoras en ese instante. Puede ser el cielo azul, el sonido de los pájaros o un gesto amable de un compañero de trabajo. - Meditación de gratitud
Dedica unos minutos a respirar profundamente mientras piensas en las cosas o personas por las que estás agradecido. Esta práctica calma la mente y fortalece la conexión emocional con esas experiencias. - Comparte tu gratitud
Cada día, regala una palabra de agradecimiento a alguien, ya sea un amigo, un compañero de trabajo o incluso un desconocido, la cajera del supermercado, el cartero que te trae la correspondencia cada día, el chofer del bus que te trae y te lleva, la persona que te deja pasar primero, alguien que te sonríe al cruzarse contigo, el vecino que te saluda cuando llegas del trabajo. Reconocer los esfuerzos de los demás no solo fortalece tus relaciones, sino que también amplifica tu propio sentido de gratitud. - Pega citas o recuerdos significativos que hagan sonreír al corazón. Pega las citas o los recuerdos en tu sitio de trabajo, en la nevera o donde sepas que vayas a verlos a menudo y cada tanto cambiálos de lugar o cambia las frases. Esto suelo hacerlo a menudo para que mi cerebro no se acostumbre a verlos y se «olvide» de la importancia que tienen para mí.
- Puedes poner fotografías de personas queridas rodeados de frases de gratitud. Ponlas en algún lugar y podrás usarlas como un recordatorio diario para reflexionar sobre la gratitud. No sólo por aquellas personas, eventos y regalos en tu vida, sino también por tus propios logros.
Con estos ejercicios simples pero efectivos, puedes empezar a entrenar tu «músculo de la gratitud» y experimentar sus beneficios en tu bienestar mental y emocional, incluso en tiempos difíciles.
Ojalá este texto te sirva al final del día para pensar en aquellas personas, conocidas o desconocidas, que te apoyan de maneras que quizás ni siquiera sepas que lo están haciendo y que desempeñan un papel importante en tu vida apoyándote, cuidándote, escuchándote, dándote un consejo que necesitas o simplemente estando a tu lado.
Y ahora quiero aprovechar este espacio para mis agradecimientos personales. A mi madre y mi hermana que son incondicionales, en las buenas, en las malas, en las mejores o en las peores. Les deseo paz y tranquilidad en sus vidas. Plutón se las tendrá que ver ahora conmigo.
A mi padre por transmitirme la ética en el trabajo y a mi hermano por demostrarme que en la vida todos podemos.
Gracias enorme a las majaras que, como yo, están en la búsqueda de la verdad y del sentido de la vida y me acompañan en el camino, sin soltarme de la mano, a esa amiga que me ha demostrado que sí pertenezco, que sí soy parte y que si quiero, puedo serlo focalizándome en lo que quiero atraer, a mis amigas guerreras que, cada día, sacan adelante a sus hijos, el trabajo, la casa, sus vidas y que abrazan con la fuerza del que sostiene y no te deja caer. A los que están pendientes de mí cuidándome y ayudándome cuando lo necesito. Os deseo a todos un año de soltar con amor y compasión, de paz en el corazón, de tranquilidad en el alma y muchas risas, de amor innfinito, de descubrimientos mágicos y de felicidad tranquila y que os llegue lo que estáis buscando con el corazón. Los amo con todo mi corazón.
Te deseo una muy buena salida del 2024 y un excelente 2025. Piensa con el corazón y se te dará.
Muchas gracias, desde el fondo de mi corazón, por haberme acompañado este año y por muchos más caminos junt@s. ¡Nos vemos el año que viene!

¡Un abrazo de los que de verdad molan!