La Tristeza
Alejandra Fernandez Comentarios 0 comentarios
Me conecto con la soledad, la tristeza, porque mi alma acaba de sentir la soledad.

Porque se ha dado cuenta de que aquí, donde vivo, nadie podrá ocupar el mismo rinconcito en mi corazón que ocupan mis amigos.
No fue ni es fácil vivir aquí donde vivo, es cierto que la gente una vez que te conoce, te aceptan y te dan las llaves de sus casas y sus autos… tienen confianza en ti, seguridad de que eres como ellos, pero sus abrazos y palabras están vacíos.
No se dirigen de corazón a corazón.
Dicen que cuando te abrazas con alguien tu corazón no está solo, se encuentra con otro. Tu lado izquierdo se abraza con el lado izquierdo de la otra persona y así los corazones se tocan y se reconocen.

Aquí mi corazón no se encontró con otro corazón… están fríos…duros…
Mi corazón también con los años se ha ido endureciendo, pero su verdadero naturaleza es ser esponjoso, blando, flexible, late con pasión y fuerza, y al haber sido tocado nuevamente por otro corazón que él ha reconocido como de su tribu, al verse nuevamente solo, se ha ablandado y está triste, pareciera que se desmorona, pero no….solo es cuestión de días para cobrar nuevamente el ímpetu y la fuerza que tiene.
Y no, esto no se trata de llenar el corazón con cualquier cosa, estoy sola por elección y ya no acepto más a cualquiera en mi vida…. se trata de que, sencillamente, mi corazón ha recordado el poder de los abrazos sinceros, con amor, de alma a alma. El sentirse tranquilo, encontrando las palabras adecuadas para hablar de la vida y sus momentos, y sentirse en paz, en calma y en confianza. El tener esas horas de sentirme escuchada, de poder ser yo, pero sobre todo el hablarle a alguien en tu idioma, que te entienda y que te escuche además. Un lujazo de aquellos!

En mi último viaje de fin de semana largo a Madrid, en agosto, no hace mucho, me encontré con mi madre y mis amigas y recibí abrazos de los que molan, abrazos de esos que te quedas ahí sintiendo el calor del otro y con esa sensación de bajar los brazos y dejarte caer, pero me llamó la atención la sensación de ligereza que senti con la idea de volver a casa, como si ya no fuera tan difícil dejar lo mío atrás, como si el soltar fuera más sencillo. Hasta hace poco cada vez que volvía, me sentía triste, de mal humor. Pero esta última vez pensé: bueno, después de tantos años ya está Ale. Te has adaptado y estás bien. Pero no caí en la cuenta de qué podria pasar si alguien viniera a mi casa, al lugar donde vivo y luego se fuera…no caí en la cuenta de la sensación de vacio que me dejaría.
Mi corazón necesita ahora un par de días para volver a su estado y ésto, como todo queridos amigos, también pasará.
Esto se llama tristeza, y me encanta ahora poder reconocerla, sobre todo cuando se esconde detrás de la máscara del enfado, como me pasó ayer….y decirme: no pasa nada, tranquila, acéptala y quiérete. Has tenido de esos momentos que tocan el corazón y ha quedado un poco hundido….pero yo soy el ave fénix, y en dos días estaré desplegando mis alas y volando nuevamente, disfrutando de las cosas que me gustan, independientemente del lugar donde viva.
«Cuando un amigo se va galopando su destino, empieza el alma a vibrar porque se llena de frío.
Cuando un amigo se va, queda un terreno baldío que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío»
Hasta la próxima querida gente!
Un abrazo de los de verdad!!!