Dar las Gracias

Dar las Gracias

Este último tiempo mi vida ha estado bastante revuelta. Es cierto que le agradecería que rodara más fácilmente pero esto es la vida, con sus momentos buenísimos, buenos, malos y malísimos.

En el último post les hablaba de la tristeza, por esa sensación de soledad que apareció en mi vida, cuando pensaba que todo estaba rodando perfectamente dentro de mi elegida soledad, hasta que una amiga vino a visitarme y me sentí tan reconfortada y agradecida por las charlas que tuvimos que cuando mi amiga se fue, la señora Soledad se cruzó como una brisa delante mío para recordarme: estás sola….solita… sola….uf… es pesada la tía. Como el ave Fénix que soy, os escribí en ese post: dos días y mis alas mojadas se vuelven a desplegar para retomar vuelo y seguir aprendiendo.

Porque la Vida es así, cuando estaba disfrutando nuevamente de mi vuelo, mi hermana desde Buenos Aires me mando un audio por Whatsapp, bendita tecnología a la que tanto criticamos y que de la misma manera tanto necesitamos…. ¿qué era de nuestra vida hace no tanto sin esta tecnología….como podíamos sobrevivir a la falta de información y contacto? Pero eso ya será para otro post.

Volviendo al audio de mi hermana la noche del miércoles, me contaba que su hijo, que vive en Madrid, ha tenido un evento de asma y lo han llevado al hospital y para control lo dejan esa noche internado. Al día siguiente, esperando que sean las horas adecuadas para ella por eso de la diferencia horaria, la saludo y le pregunto qué tal esta mi sobrino y me dice que no tiene noticias…que está algo enfadada/preocupada. Unas horas más tarde, nos enteramos por mi sobrina, que también vive en Madrid, que está intubado, que la situación es grave y que están esperando el informe del médico.

A partir de ese momento se desencadena el Caos.

Mi familia comenzó la mudanza a España alrededor de 1998. Primero se fue mi hermano, luego mi hermana con su familia, luego mis padres y finalmente yo con mi actual ex marido. Mis padres viven en un pueblo de Toledo, mi hermana y su familia vivieron 20 años en Madrid y hace unos 7 años decidieron volverse a Buenos Aires, el marido pasó a ser ex y se volvió a Madrid y los hijos luego de un par de años en Buenos Aires decidieron volver también a Madrid. Ellos se habían mudado desde Buenos Aires a Madrid cuando eran muy pequeños y crecieron, fueron a la escuela, hicieron amigos allí. Mi hermana se quedó donde se sintió en casa y eso fue en Buenos Aires. Las relaciones a distancia son difíciles, pero mi hermana y sus hijos la mantuvieron diariamente a través de video llamadas de Whatsapp y viajes de ida y vuelta para verse.

Situados ya geográficamente, vuelvo al Caos.

Mi madre había viajado el 18 de septiembre a Buenos Aires para visitar a mi hermana, pasear con ella, disfrutar, salir a desayunar, cenar, hacer esas cosas que se hacen cuando uno visita a su gente y poder estar esas tres semanas con ella, hasta esa llamada telefónica del jueves 28.

Eran las 16:05 cuando recibo la llamada angustiada de mi hermana. Yo estaba en el coche, saliendo del trabajo y conduciendo para casa. En Buenos Aires eran las 09:05 y mi madre se encontraba en medio de un divertido y fantástico desayuno con Virginia, una de mis mejores amigas, a unas 10 calles de la casa de mi hermana. Mientras yo le contaba a mi madre de la situación que me había transmitido mi hermana por teléfono unos segundos antes, mi hermana en ese momento también la llamaba a ella para decírselo. Mi madre y mi amiga interrumpieron el desayuno y mi amiga la acompañó quedándose intranquila con la situación, enviándome un mensaje de “quédate tranquila que tu madre ya va para la casa de tu hermana. Está tranquila”. Le dije ¡Gracias! Y me respondió: “Y dejá de decirme Gracias!!! Jajajaj”. Primer GRACIAS.

En cuanto mi madre llegó a la casa de mi hermana, Juan, su pareja en medio de los nervios y el estrés, le estaba comprando un billete de avión rumbo a Madrid para esa misma noche. Esa noche del jueves ella volaba a Madrid, mi madre y Juan la llevaban a Ezeiza, el aeropuerto de Buenos Aires, y volvían a la casa cerca de la medianoche. Mi madre se quedaba en Buenos Aires en la casa de mi hermana con Juan, y aunque mi madre es una  mujer fuerte y que va de frente por la vida, no deja de ser una ciudad enorme, de la que ella perdió contacto hace más de 20 años y no es tan fácil moverse cuando te acostumbras a vivir en un pueblo donde, cuando vas a comprar el pan te vas cruzando con los vecinos y vas saludando y cruzando palabras con cada de uno de ellos. La ciudad con 13 millones de habitantes se convierte en algo gigante, los edificios, la gente caminando apurada, el tráfico. Es una ciudad preciosa, para disfrutar, pero no deja de ser una ciudad en la que hay que estar alerta.

Por suerte para mí, esa tarde tenía mi curso de Inteligencia Emocional, donde decidí contar la situación que estaba atravesando, ya que no me encontraba al 100% y sentía que mis compañeros y la profesora debían saberlo. Fue muy relajante sentirme apoyada y sostenida por mis compañeros y la profe Beatriz. Segundo GRACIAS.

Al día siguiente yo hablaba con mi supervisor para informarle de la posibilidad de que tuviera que viajar de urgencia a Madrid. Su respuesta fue: “No sé, tenemos mucho trabajo y somos pocos, hable con la jefa”. Sus oficinas están una frente a la otra. Fue escuchar eso, girar sobre mis talones y dirigirme a la jefa del Departamento, entrar a su oficina y gestionar la situación en menos de 30 segundos. Por suerte para mí, ella fue mucho más empática que mi supervisor, entendió la situación y me dijo lo que necesites. Tercer GRACIAS.

Doce horas más tarde de coger el vuelo, mi hermana aterrizaba en Madrid y todos estábamos intranquilos por la situación que se iba a encontrar mi hermana y como podía reaccionar al ver a su hijo en la UCI del hospital.

Mi sobrina nos tenía informados en todo momento, con el informe médico del hospital, luego corriendo a Barajas a recoger a su madre, del aeropuerto al hospital nuevamente y sosteniendo la situación. Pero nos faltaba ver la cara de mi hermana, escucharla, sentirla. Por la tarde, luego de que ella hablara con los médicos, mi madre y Juan recibieron una video llamada donde les informó de la situación. Mi madre me avisó que estaban a la espera, que no se podía hacer nada más que esperar.

Un par de horas más tarde, aprovechando que las enfermeras cambiaban las sábanas la cama donde estaba mi sobrino, mi hermana y mi sobrina me hicieron una video llamada. Estuvimos charlando tranquilas, controlando la situación. Yo no quería que mis ojos derramaran ni una sola lágrima para poder sostener a mi hermana desde 3000 km de distancia. Me contó que la situación seguía igual que el día anterior, ni había mejorado, pero lo más importante, es que no había empeorado. Que serían 48 a 72 horas de espera hasta ver que sus pulmones volvieran a trabajar de manera correcta y se descongestionaran. Hablamos sin tocar temas superficiales pero tampoco sin entrar en muchos detalles. Lo importante era saber que tanto mi hermana como mi sobrina estaban bien, enteras, dispuestas a enfrentar la situación. Había más gente con ellas, pero ellas eran el frente.

Le dije gracias por llamarme y me dijo: Nena ¡cómo no te voy a llamar! Cuarto GRACIAS.

Esta llamada me hizo soltar mucha carga a través del llanto, pero un par de respiraciones ayudaron muchísimo y, para ser sincera, un par de videos tontos de risa también. Ya podía respirar tranquila.

Le mandé un par de audios a mi madre contándole de la video llamada y otro audio a Juan para contarle y agradecerle lo que estaba haciendo. Este sábado sus padres habían invitado a mi madre a cenar, el domingo iban a ir a pasear a la Feria de Mataderos, un lugar fantástico para disfrutar del ambiente artístico, gauchesco, de la comida, la música y el baile. Le dí las Gracias por lo que estaba haciendo y me respondió: “Quedate tranquila, no me tenés que agradecer nada”. Quinto GRACIAS.

Antes de quedarme dormida por el cansancio y el estrés, el grupo de Whatsapp  de la gente del curso de Inteligencia Emocional me preguntó por la situación y aquellos que vivían en Madrid me ofrecieron que cualquier cosa que necesitara, ellos estaban allí para mi hermana o para mí, dispuestos a dar una mano. Sexto GRACIAS.

Hoy me desperté pensando en cuánto nos cuesta aceptar las gracias, que la mayoría de las veces damos las cosas por hecho y no nos damos cuenta que lo que muchas veces hacemos, para el que recibe el hecho en sí, puede significar un mundo. En esta vida de tantas vueltas, de cosas buenas y cosas complicadas, la ayuda desinteresada del otro puede simplificarnos muchísimo la vida, puede traernos tranquilidad al alma y a la mente. Puede significar no tener que preocuparme por algo, porque sé que alguien más estará ahí para hacerlo por mí, desde el amor, la compasión y la empatía. Una palabra de aliento, un momento para escuchar un problema ajeno, una llamada donde te cuentan que todo va bien. Un “no te preocupes que aquí estoy para ti, para lo que sea”.

Son abrazos de alma a alma, de esos que no se sienten con los sentidos, que no se palpa físicamente el contacto, que no sientes el perfume del otro, pero son esos brazos invisibles que te rodean, te dan calor y te sostienen.

Es significativo que en otros idiomas, el que recibe las gracias contesta desde otra perspectiva. Por ejemplo, en alemán cuando alguien da las Gracias, el que las recibe responde: “Gerne” que significa “Con alegría”. En inglés la respuesta al “Thank you” es un “You are welcome” que significa “Eres bienvenido”, o también puede ser “My pleasure” que significa: “Un placer”, “I´m happy to help” que significa un “Estoy contento de poder ayudar”. Ya sé que muchos pensarán en el “Don´t mention it”, que es un poco parecido a nuestro “No hace falta que lo menciones”, pero yo personalmente, siento que esta respuesta también resta algo de importancia al hecho realizado. Aunque también puede sentirse desde un “No lo menciones, lo haría otras mil veces por ti” J

Sin entrar en más detalles lingüísticos o culturales, pensemos en que cada vez que alguien nos da las Gracias, hasta una simple sonrisa puede ayudar… no hagamos que la otra persona tenga que explicar el por qué es tan importante ese Gracias. Aprendamos a aceptar las Gracias, el cumplido sincero, respondamos una sonrisa con otra sonrisa. Aunque no lo parezca, estos sencillos pero difíciles gestos pueden cambiarle el día y la vida a una persona.

Aprendamos a aceptar las Gracias.

Quiero agradecer a todos los que saben de esta situación y que con sus pensamientos, preguntando cada día y ofreciendo ayuda, están ahora sosteniéndome. A Dietmar que es mi sostén en situaciones difíciles. A Juan que, pese a su dolor y nervios, está sosteniendo a mi madre en Buenos Aires y organizando junto con ella cosas para hacer, porque como me dijo ayer, la vida continúa. A Virginia desde Buenos Aires que le ha ofrecido a mi madre su ayuda y sé que está pensando cada instante en nosotros. A Silvia que a pesar de los cambios importantes actuales que está viviendo, está pendiente de mí. A Alicia, mi sabia profesora de yoga que con sus sabias palabras me ayuda a centrarme en lo importante y que ayer guio una meditación con el grupo de yoga para enviar la energía a mi sobrino y mi familia. A Ana que me ha ofrecido su ayuda y su casa a mí y a mi familia. A mis compañeros de curso que están pensándome y a la gente que vive en Madrid que me han ofrecido sus casas si necesito ir y su ayuda en el caso de que la necesite. Me queda agradecer a los que no lo saben porque sé que sus almas sí lo saben y están conmigo.

Cómo no voy a agradecer mil y cien mil veces a la gente que me acompaña en los buenos pero también en los malos momentos. De todas las situaciones de la vida sacamos aprendizajes, pero al saber que uno está acompañado, la lección es más intensa.

Gracias Gracias Gracias

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

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