LO ESENCIAL, LO INTANGIBLE Y EL ARTE DE PODAR EL ÁRBOL

LO ESENCIAL, LO INTANGIBLE Y EL ARTE DE PODAR EL ÁRBOL

Hoy, como muchos domingos, me senté con mi taza de café a escuchar uno de los podcasts que sigo habitualmente: Tengo un plan. El título del último episodio me llamó inmediatamente la atención: “La Kabbalah: 17 hábitos para vivir con abundancia”.

Como son temas que me atraen bastante, me puse a escucharlo sin demasiadas expectativas… y dos horas después seguía completamente absorta en la conversación. La entrevista al señor Mario Sabán fue profunda, interesante y llena de ideas que invitan a reflexionar.

Pero hubo un concepto que me quedó resonando durante la mañana: lo intangible.

Mientras lo escuchaba, inevitablemente mi mente me llevó a uno de los libros que marcaron mi infancia: El Principito de Antoine de Saint‑Exupéry. En él aparece una frase que casi todos conocemos:

“Lo esencial es invisible a los ojos.”

Y mientras escuchaba la entrevista me surgió una pregunta casi inmediata.

¿Por qué asocié esas dos palabras tan rápido?

Esencial. Intangible.

Tal vez porque, si lo pensamos bien, la mayoría de las cosas verdaderamente esenciales en la vida no se pueden tocar.

No tienen forma física.
No aparecen en un balance ni en una hoja de Excel.
Y, sin embargo, son las que sostienen todo lo demás.

La confianza.
La paz interior.
El sentido de propósito.
La calidad de nuestras relaciones.
La coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Todo eso es invisible. Pero resulta sumamente esencial.

Y aquí aparece una pregunta inevitable: si lo más importante de nuestra vida es intangible, cómo lo protegemos?

Ésto no solo aplica a la vida personal. También aplica, y bastante, al liderazgo.

En el mundo profesional solemos hablar de resultados, métricas, estrategias, procesos. Todo aquello que es visible y cuantificable.

Pero cualquier persona que haya dirigido un equipo sabe que los equipos no funcionan gracias a lo que se ve, sino gracias a lo que no se ve. A eso que llamamos soft skills, o habilidades blandas.

La buena comunicación.
La capacidad de escuchar.
La empatía.
La inteligencia emocional.
La confianza.
El respeto

Ninguna de estas cosas aparece en un balance financiero. Pero sin ellas ninguna familia, empresa o proyecto puede sostenerse de forma saludable.

Las organizaciones más exitosas del mundo han entendido algo fundamental: los resultados tangibles nacen siempre de procesos intangibles.

En la entrevista, Mario Sabán compartió una metáfora que me pareció especialmente poderosa.

Dijo algo que se quedó grabado en mi mente:

“Cada vez que dices que no a algo que no resuena contigo, estás podando el árbol y marcando el camino.”

La imagen es simple, pero profundamente reveladora. En la vida solemos pensar que nuestro camino se define por las decisiones que tomamos, por los proyectos que aceptamos, por las oportunidades que decimos que sí.

Pero rara vez reflexionamos sobre el poder de los no. Cada vez que decimos no a algo que no está alineado con nosotros:
no estamos cerrando caminos, estamos limpiando el camino.

Estamos podando ese árbol para que crezca en la dirección correcta.

Porque decir sí a todo no es abundancia. Muchas veces es desorden.

Podar ese árbol nos lleva inevitablemente a preguntarnos algo fundamental:
¿Qué es realmente importante para mí?

Según Sabán, cuando uno empieza a tomar decisiones más alineadas consigo mismo, aparecen tres grandes variables que empiezan a ordenarse:

Energía
Felicidad
Tiempo

Tres recursos que muchas veces gestionamos peor que el dinero.

Cuando nuestras decisiones están alineadas con lo que somos, ocurre algo curioso: tenemos más energía, sentimos mayor bienestar, y nuestro tiempo se vuelve más valioso.

No porque el día tenga más horas. Sino porque dejamos de gastarlas en aquello que no resuena con nosotros.

Liderar también es podar. Esto también es liderazgo.

Liderar no es solo tomar decisiones estratégicas o dirigir equipos.

Liderar es también tener la claridad interior suficiente para saber qué no queremos en nuestra vida.

Y eso implica trabajar justamente en aquello que no se ve: autoconocimiento, inteligencia emocional, coherencia interna y valores que guían nuestro camino en la vida.

Todo aquello que, desde fuera, parece intangible. Pero que en realidad es lo más esencial de todo.

Porque al final, tanto en la vida como en el liderazgo, ocurre algo muy simple:

Lo visible construye espacios, proyectos, tablas de Excel. Pero lo invisible es la base del éxito.

Y tal vez por eso, cada vez que recordamos a El Principito, nos viene aquella frase que parecía tan sencilla.
Porque en el fondo, todos sabemos que es verdad.

Lo esencial sigue siendo invisible a los ojos. ✨

Y tú ¿qué “rama” has tenido que podar últimamente para proteger algo esencial en tu vida o en tu trabajo?

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