PERDIDA DE IDENTIDAD

PERDIDA DE IDENTIDAD

Hablando con varias personas que viven en el extranjero por diferentes razones, todas me hablaron de algo en común: Pérdida de identidad. Para mí no es algo nuevo, ya que como residente en el extranjero lo he vivido.

¿A qué llamamos “perder la identidad” entonces?

Perder la identidad se relaciona con un conjunto de factores asociados a las pérdidas vividas con la migración, como pueden ser la lengua, la cultura, la familia y los amigos, el estatus, el contacto con su grupo social y sus raíces. 

El tener que hablar en otro idioma o incluso en el mismo, pero con diferentes palabras o acentos, implica en algunos casos la frustración por no poder expresarte como a ti te gustaría hacerlo en tu idioma, lo que a menudo trae sentimientos de inseguridad y vergüenza. El sentido del humor es distinto. Lo que a  nosotros nos podría causar gracia, en otros países pueden no entenderlo y viceversa. Cuando por ejemplo, alguien cuenta un chiste y la única persona que se queda esperando el final del chiste eres tú… al comienzo dices, no entiendo el chiste, luego ya comienzas a reírte cuando los otros lo hacen para que no se note la diferencia del sentido del humor. Como todos sabéis ¡no hay nada peor que tener que explicar un chiste!

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Cuando empiezas a aprender otro idioma, cambia tu forma de hablar. Tu entonación, tu forma de expresarte. Comienzas a olvidarte palabras de tu propio idioma o intercalas palabras y sientes que ¡ya no hablas ninguno! Cuando aprendes otro idioma adoptas la idiosincrasia del lugar, por lo tanto yo no soy la misma cuando hablo alemán que cuando hablo español.

Dejas tu familia y amigos detrás. Eso hace que necesites desarrollar un sentido de pertenencia a otro grupo o también que puedas exponerte a estar largos periodos en soledad o a relacionarte con personas con diferentes valores a los tuyos, ya que intentarás pensar, sentir y actuar como uno cree que debería hacerlo en el nuevo contexto.

La identidad es algo que nos hace únicos y diferentes. Tenemos además, la identidad de grupo, que es algo que nos hace pertenecer a un grupo, a una tribu. Al perder o dejar atrás ese grupo de referencia que tenías, la sensación de ser distinto se hace mayor. Y aunque logres integrarte de forma sensacional a tu nueva ciudad, siempre serás el de afuera.

Otras posibles dificultades asociadas a la identidad y a la autoestima pueden darse cuando la persona llega e idealiza el país de acogida, sin tener en cuenta los sentimientos de tristeza por las pérdidas que ha tenido. La razón es sencilla, es más fácil adaptarse a un nuevo país si pensamos que éste es maravilloso. Con el tiempo estos sentimientos irán cambiando hacia posiciones de aceptación y rechazo, tanto hacia tu país de origen como hacia el país de acogida.

Quien se va a vivir al extranjero también pierde sus referencias culturales, como pueden ser las diferentes normas de conducta, la alimentación, diferentes horarios y manera de pensar y de vivir las emociones. Diferentes formas de criar a los hijos, creencias, valores.

El cambio se hace evidente cuando uno vuelve a su lugar de origen. Se vive un fenómeno extraño, uno se siente diferente, en algunas situaciones hasta incómodo en situaciones que hasta hace poco eran familiares. El solo hecho de sentarse en un restaurante y poder escuchar y entender a todas las personas que están en el sitio puede llamar la atención y resultar hasta ruidoso, ya que quizás al vivir en un país con otro idioma hayas desconectado de esa sensación al no poder entender todo.

Perder la identidad es la sensación de haberse adaptado a las circunstancias exteriores, habiendo renunciado inconscientemente a tu propia identidad para poder adaptarte a las diferentes situaciones. Si tenemos en cuenta que tenemos tantas identidades como roles, eso nos puede ayudar a entender que hemos desarrollado una más. Tenemos nuestra identidad profesional, de pareja, familiar y lo llamativo: ahora tenemos una identidad en nuestro país de origen y en nuestro país de acogida. No somos los mismos aquí que allí.
De esto me di cuenta al volver a mi país de origen con personas de mi país de acogida que me acompañaban: ellos se dieron cuenta que yo no era la misma persona allí que aquí y me lo remarcaron. Ahí entendí que había desarrollado otra identidad. Claro que esto uno lo hace de manera inconsciente para poder irse adaptando a las diferentes circunstancias que nos tocan vivir.

Lo importante de esto es poder darse cuenta y no rechazarlo, es aceptar la nueva experiencia disfrutando el camino. Muchos de nosotros nos fuimos con más sueños que objetivos reales, teníamos la mente abierta pero quizás los ojos cerrados, y es por eso que, a veces, la caída es dolorosa, pero así como nos caemos, nos volvemos a levantar.  

Venimos de una cultura donde la familia, los amigos, nuestra tribu son importantes. Son los que nos mantienen de pie y nos sujetan cuando nos caemos. Necesitamos el contacto de los otros, las risas fuertes, los abrazos largos y sentidos. Los besos en las mejillas y esa mirada cómplice que sin palabras nos dice todo. El poder organizar de manera espontánea un encuentro para contarnos las penas y las alegrías.
De que nadie nos diga lo temperamental que somos, porque lo somos todos.
Lo necesitábamos antes, pero lo necesitamos especialmente ahora que somos migrantes.

Si tú crees que a pesar del esfuerzo, del dolor, de la sensación de soledad que se vive a veces, del sentimiento de injusticia, rechazo o sensación de menosprecio, esta experiencia aún vale la pena…
Si tú crees que de todo esto puedes sacar cosas positivas, si aprendes a soltar, a no meterte en un bucle de sensaciones negativas…
Si aprendes a adaptarte a las nuevas circunstancias con alegría, a disfrutar del aquí y ahora…
Entonces el esfuerzo habrá valido la pena.

                                                           

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