RELACIONES FAMILIARES A DISTANCIA

RELACIONES FAMILIARES A DISTANCIA

El estar lejos de nuestras familias o amigos, cuando el vínculo es saludable y enriquecedor o por el contrario, es conflictivo, tiene un gran impacto en nuestras vidas.

El vivir lejos de nuestros padres, hermanos, hijos, amigos en nuestro día a día, es algo que, en ocasiones, nos vemos obligados a hacer de manera forzada, al trasladarnos a vivir a otro país.

Siempre se habla de lo difícil que es comenzar la vida en otro país sin tener el apoyo o contacto de esa gente con la que compartíamos el día a día.

¿Pero qué pasa realmente con nuestras relaciones afectivas y la distancia? ¿Cómo pueden mejorarse o alimentarse para poder, uno mismo y los otros, disfrutar de ellas, aunque sea a la distancia o, también, aprender a disfrutarlas cuando se vuelve a casa, luego de haber tenido esa separación emocional, afectiva y física?

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Para entender cómo puede afectar la distancia a las relaciones, podríamos hablar de cómo afectaría de forma positiva o negativa.

Si hablamos de posibles conflictos y de cómo puede afectar de forma negativa una relación, que no estaba afianzada, o donde había muchos reproches o conflictos, podría llegar a incrementarse este conflicto o las dificultades en esa relación.

La comunicación se dificulta y por lo tanto, el malentendido con dicha persona podría persistir o aumentarse. Pueden surgir conflictos por posibles malos entendidos, al no poder tener una comunicación fluida y efectiva.

Puede generar en una de las partes, una sensación de abandono. Algunos reproches más comunes que podrían surgir sería echarle la culpa al que se ha ido por el “abandono”: “tú te fuiste”; “a ti no te importo”; “tú me dejaste”. Por poner un ejemplo propio, cuando yo viajé a Galicia a conocer a mi familia paterna, el comentario referido a mis abuelos fue: “ellos se fueron y nos dejaron”. La sensación de abandono es real para el que se queda. En una relación con conflictos, esta sensación puede verse agravada.

Incluso puede agravarse la relación, si el que se ha mudado a otro país, no tiene las cosas claras y, en lugar de aprovechar la situación para conocerse a sí mismo y crecer, utiliza la distancia para incrementar sus posibles problemas o reproches antiguos.

Por otro lado, la distancia puede hacernos replantear la relación que teníamos, y nos puede ayudar a reconectar con esa persona, a ver las cosas de una manera más amplia, más objetiva y ver que el conflicto no es trascendental. La relación importa más que el suceso existente. En este caso, la distancia nos permite acercarnos y mejorar las relaciones.

Cuando ya no vives la relación de ese día a día con una persona, esas cosas que te molestaban, ya no son hechos actuales. Cuando vuelves a estar en contacto físico, te das cuenta que el tiempo es limitado y se puede ver desde otra perspectiva y encontrar el lado positivo a la relación.

Al echar de menos a tu círculo social, tanto el que se va como el familiar o amigo que viven en el país de origen, dejan de enfocarse en lo que no les gusta, en los errores o aspectos que consideraban negativos y empiezan a ver a la persona de una manera más objetiva. Se empiezan a recordar las cosas positivas.

Todos sabemos que la convivencia desgasta, no te das el espacio de ver que sería de tu vida sin esa persona y cuando ya no está, puedes tener otra perspectiva y plantearte las cosas desde otro punto de vista y comienzas a recordar porque esa persona era importante para ti.

Lo principal es ver la distancia como algo real y que tendremos que trabajar en nuestras relaciones. Debemos encontrar la manera de comunicarnos utilizando las herramientas que nos da la tecnología.

La distancia nos ayuda a aprender a poner límites, nos ayuda a sentirnos más seguros sabiendo que nuestros afectos nos esperan, nos apoyan y están para nosotros cuando los necesitamos. Pero esto se trabaja desde ambos lados, tanto desde el que se ha mudado a otro país, como el que sigue viviendo en el país de origen.

Es un excelente momento para dejar salir las frases que no solíamos decir, como te quiero, te echo de menos, gracias por estar, gracias por tu apoyo…

Son frases que hacen sentir bien al que las dice, pero sobre todo al que las recibe. Y no debemos olvidarnos que para seguir construyendo una relación, hay que trabajarla y no olvidarnos de esas personas que siempre estarán para nosotros cuando volvamos a casa.

Vivir en el extranjero es una oportunidad para conocernos mejor, conocer nuestras creencias, nuestros valores, qué hace que nuestras relaciones sean importantes y nos da la oportunidad de mejorarlas cada día.

Los valores de la paciencia, el afecto, el amor, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia, la empatía y muchos más, aunque estuvieran presentes en nuestra vida, se desarrollarán de forma más efectiva y provechosa para nosotros.

El mejorar como persona, hará que todo nuestro entorno mejore. Es cierto, que algunas relaciones se quedarán en el camino y nos dolerá, habrá otras que se quedarán para siempre con nosotros, pero de todas ellas habremos aprendido.

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