El Alma

El Alma

¿Qué es el alma? El alma se considera como una parte esencial e inmaterial de la existencia del ser humano y está relacionada con la conciencia, la identidad y la vida espiritual. Desde diferentes perspectivas se la puede relacionar con algo espiritual, filosófico o religioso.

Desde mi perspectiva el alma es lo que nos da la fuerza, mi Ser, que me permite conectarme con otros de Ser a Ser. Hay un ejercicio que suelo realizar cuando debo gestionar algo con alguien en una situación difícil y es sentir que mi alma se comunica con el alma de esa persona, quitando rostro, cuerpo y emociones.

Esta semana pasada, con mi sobrino internado, hablamos mucho con mi hermana de energías, de alma, de cuerpo y de mente.

Esa semana sucedió algo increíble para ella y también para mí. Todos los días mi hermana le hablaba a su hijo parada al lado de la cama en la terapia intensiva. El no parecía ser consciente. Estaba sedado, en coma inducido, no se movía. Las máquinas hacían lo suyo. El trabajo de las y los enfermeros fue admirable. Hablamos con mi hermana cada día, de la vocación que tienen estas personas para realizar ese trabajo tan duro y no mezclar el trabajo diario con su vida personal. El esfuerzo y la preparación que tienen para sobrellevar cada día entre el dolor y la desesperación de pacientes y familiares.

Mi hermana le hablaba cada día a su hijo de la fuerza, de mejorar, de recuperarse, de ayudar a los profesionales para que pudieran despertarlo. Él se rebelaba, tenía mucha fuerza decían los enfermeros.  Querían ir despertándolo poco a poco, pero él se retorcía, no quería, tenía un despertar muy malo decían. Querían extubarlo, pero no podían. Necesitaban que estuviera despierto y consciente para poder respirar por sus medios y no había forma de hacerlo. Hasta que un día mi hermana comenzó a hablarle a él, pero dirigiéndose a la mente, de cómo debía ayudar al cuerpo para que éste a su vez pudiera ayudar a las enfermeras y enfermeros a despertarlo y poder sacarle el tubo.

Ese día mientras mi hermana le hablaba de mente a mente, de alma a alma, de consciencia a consciencia, él se dejaba hacer. Mientras ella le hablaba de como la mente podía ayudar al cuerpo, las enfermeras y enfermeros le cambiaban las vías, le cambiaban las vendas, y todo el trabajo que tenían que hacer, lo hacían coordinados con las palabras que mi hermana iba diciendo. El trabajo fue conjunto e increíble. En ningún momento se rebeló contra la situación, los latidos y la presión arterial se mantuvieron en los valores normales, sin sobresaltos ni estrés ninguno. Mi hermana vino a buscarme al bar del hospital, donde yo la esperaba cada día, para contarme esa experiencia maravillosa y tremendamente energizante, diciéndome entre exaltada y feliz: ¡no sabes lo que acaba de pasar!

Al día siguiente, mientras mi hermana le hablaba a su hijo, entraron seis enfermeras y enfermeros y se pusieron a los pies de la cama a esperar que mi hermana hiciera su trabajo. Hablarle al alma, mente y cuerpo de su hijo para que él dejara hacer su trabajo al personal sanitario. Y así lo hicieron. Un día después lograban despertar a Farid, le quitaban el tubo, mientras él le sonreía y guiñaba el ojo a los médicos y enfermeros. Gracias al trabajo de los médicos y enfermeros de la Terapia Intensiva del Hospital donde se encontraba, él pudo recuperarse de su enfermedad. Gracias al acompañamiento de mi hermana con sus potentes palabras él se sintió fuerte y acompañado. Gracias a la energía enviada desde todas partes del mundo logramos sostener a mi hermana para que ella pudiera estar Presente cada uno de los 10 días que duró esta experiencia.

Volviendo al alma, se habla tanto de ella con palabras, pero cuando se siente la conexión, es muy difícil de explicar. Qué es lo que nos mueve, qué es lo que nos da fuerza en los momentos difíciles, qué hace que el abrazo dado desde lo más profundo del corazón se sienta como una caricia a algo más interno que nuestro propio cuerpo, sensaciones y emociones. Qué  hace que podamos encontrar las palabras justas en el momento preciso. Qué nos mueve a tocar con las manos a alguien que vemos que está cayendo y que con nuestra sola presencia y nuestras manos, esa persona encuentre nuevamente la tranquilidad.

Esta semana, además de hacerme sentir conectada con algo muy profundo y fuerte, me ha vuelto más espiritual, mística. He sentido la conexión entre almas, gente que no nos conocíamos pero estábamos conectados por un hilo de luz.

Mi hermana, familiares de otros pacientes, amigos de mi sobrino, su novia con su abrazo sentido despidiéndome cuando yo, al día siguiente, me marchaba a casa, mis amigas del alma de toda la vida y mis amigas recientes que me acompañaron con sus hechos y palabras. El apoyo incondicional de mi madre que por esas cosas del Universo, se encontraba de vacaciones en Buenos Aires, Juan la pareja de mi hermana, que se quedó con mi madre acompañándose mutuamente, y que, cada día, con sus palabras me recordaba lo que había ido a hacer: sostener a mi hermana en ese momento.  ¿Qué nos dio la fuerza y empatía necesaria a todos para que todo fluyera? Pues querid@s amigas y amigos: eso fue nuestro Ser, el que te da las fuerzas que necesitas para atravesar el camino.

Este camino ha sido una experiencia de sufrimiento, desafíos emocionales potentes, momentos difíciles, pero nunca hemos perdido la esperanza, la fe. Hemos confiado. Estas situaciones son parte inevitable de la vida y el hecho de haberlas enfrentado con el apoyo de la gente nos hace ver el crecimiento, el avance, el aprendizaje como individuo.

Hemos sido valientes, resilientes, perseverantes, enfrentado situaciones complicadas, a veces inentendibles, pero hemos entendido que cada uno hace el camino que elige hacer. Hemos soltado, hemos sido y estado. Aún hoy me emociono al escribir estas líneas por cada momento vivido, sentido, experimentado. Pero aunque me emociona, me hace sentir fuerte, algo dentro mío ha cambiado. Me ha dado energía y fuerzas, a pesar del cansancio corporal y mental vivido esta semana, para enfocarme en lo que quiero. ¿Y qué es lo que quiero? Pues seguir haciendo lo que he venido a hacer en esta vida y lo he practicado en carne propia la semana pasada. Y es acompañar en momentos de incertidumbre, de dificultades, de miedos, de ausencias, de dudas. Cada día agradecía lo aprendido estos últimos años porque me han ayudado a mí y a los que tenía cerca. ¡Y ha sido increíble! Me he dado cuenta que lo único que nos mueve es el amor, luego de haber aprendido estos años a valorarme y a quererme yo. Y desde ese lugar la presencia es totalmente diferente.

Quiero agradecer a todos los que me habéis ayudado, escuchado, acompañado, estado cada día porque no puedo imaginar esos momentos sin vuestra presencia, ayuda, escucha, amor.

Las palabras esa semana han sido:
Aquí y Ahora, Respira, Amor, Confía.

¡GRACIAS! ¡DANKE!

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