La rosa y las espinas

La rosa y las espinas

Hace muchos años escribí un pequeño texto, cansada ya de que mis parejas me tildaran de mujer difícil, intensa, rebelde o jodida. Esto nos suele suceder a personas que vivimos la vida de forma apasionada. Personas que no hacemos las cosas a medias, y se nos suele “acusar” de ser demasiado intensas, demasiado difíciles, y algunos otros demasiados. Cuando la persona ha olvidado quien es en su ser más íntimo, qué cosas la mueven en esta vida, podemos tender a pensar que algo puede andar mal con nosotr@s. Comenzamos a pensar ¿qué puedo hacer yo para no ser tan intensa? y a preguntarme ¿qué es lo que hago mal? ¿Debería suavizarme y fingir ser “normal”?

Las personas estamos programadas para pertenecer a un grupo o tribu y el hecho de sentirse diferente, hace que temamos quedarnos solos. Esto es algo que viene en nuestros genes desde el comienzo de la humanidad, ya que el quedarse solo, “separado” del grupo significaba morir. Por lo tanto, hacemos lo posible e imposible por encajar en un grupo o “pertenecer” a él. Hay una publicidad de una conocida tarjeta de crédito que dice: “Pertenecer tiene sus privilegios”. Por lo tanto, si lo vemos así, debemos amoldarnos a lo que la sociedad exija.

¿Qué pasa cuando somos distintos? ¿Cuándo la vida nos lleva por caminos diferentes? ¿Cuándo nos damos cuenta de que no nos importa el qué dirán?
Pues que nos enfrentamos a nuestros temidos miedos, a la soledad, a estar solo. Y nos han enseñado que estar solo no es bueno.

Hasta que descubrimos que estar solo puede ser tan bueno o tan malo como estar acompañado. Es una circunstancia de la vida. Con el tiempo, la introspección, la meditación o el desarrollo personal leemos, aprendemos, nos damos cuenta de que las personas heridas atraen personas heridas, y que si queremos atraer a personas que vibren en la misma frecuencia que uno, debemos hacer algo para cambiar de sendero.

Este es el texto que escribí, cansada de que me llamaran intensa o jodida:

“Soy una mujer jodida y de las peores,
No porque te vaya a pedir cosas caras,
ni vacaciones pagadas al fin del mundo,
ni que hagas excepciones por mí, ni que dejes
de hacer las cosas que a ti te gustan.
Soy jodida porque te pediré sinceridad,
honestidad, que no me mientas,
porque soy una persona sensible y me daré cuenta,
con solo mirarte, que me estás mintiendo
y ahí te darás cuenta porque soy jodida.
No te celaré, pero en cuanto vea una situación
en la que mi cuerpo me diga “vete de ahí”, me iré.
Sal con tus amigos, diviértete, como yo lo hago con los míos.
Jamás escucharás de mi boca un no, no lo hagas.
A mí me encanta salir con mis amigos.
Yo estaré siempre para cuando me necesites,
pero tú deberás hacer lo mismo, sinó me sentiré sola.
Haremos un gran equipo, no me decepciones.
Yo podré hacer casi todo sola,
pero si estamos juntos, esperaré verte a mi lado.
Si te  pregunto por tu vida personal será por curiosidad,
no por celos o control, no te preocupes
si al día siguiente me olvido de lo que me has contado.
Yo trabajaré, dentro de mis posibilidades
que son muchas, a la par tuya,
no me eches nunca en cara que no hago lo suficiente,
porque te quedarás trabajando solo.
Y el día que te diga: “No tengo ganas, hazlo tú”
preocúpate.
Ya dejará de interesarme seguir a tu lado.”

Ayer estaba en el trabajo y recibo un mail y la persona que lo enviaba tenía, justo debajo del texto que me enviaba y por encima de su firma, una frase que me intrigó, y automáticamente hoy mientras bailaba al ritmo de mi música matutina, esa frase me recordó ese texto que yo hace más de cuatro años había escrito, cansada ya de rodearme de gente que me dijera que yo era una persona difícil. Y me puse a buscar la frase y su significado.

Hace más de cuatro años yo no sabía que me rodeaba de personas de acuerdo a mis necesidades, traía mis dolores de infancia, de mis anteriores heridas no sanadas, hasta que un día comencé a preguntarme por qué repetía patrones de vida, de experiencias y me di cuenta que reincidía en situaciones.

Llevo muchos años buscando respuestas, siempre digo que soy un alma que busca, y por suerte encuentra, porque soy una persona persistente, luchadora y por sobre todas las cosas mi alma es una alma feliz. Y ahora sé que no puedo desviarme de mi camino, porque sé que me llevará a algo bueno.

Hablando de desviarme, no quiero desviarme del texto que comencé hoy a escribir. La frase en el correo electrónico de esta persona decía así:

 “But he that dares not grasp the thorn, should never crave the rose”

 “Pero el que no se atreve a agarrar la espina, nunca debería
anhelar la rosa”

Foto de Meghan Schiereck en Unsplash

Esta frase es del poema “The narrow way” de Anne Brontë.

Y esta es la frase que me recordó lo que había escrito alguna vez, enfadada con aquellos que no me entendían, que no entendían mi naturaleza y me pareció brutal.

Tus espinas te hacen real, verdadera y hermosa y la gente que se acerque tiene que ser lo suficientemente valiente como para tocar esas espinas, si quieren tener la oportunidad de sostener la rosa.

Gracias a cada elección que he hecho, cada camino que he elegido, he llegado a donde estoy hoy, aquí mismo. A la persona que soy, con mis satisfacciones y frustraciones, con mis aciertos y desaciertos. 

Cada situación ha sido un aprendizaje para hacerme aún más valiente, segura de mi misma, amable conmigo y con la persona que tengo enfrente, sigo trabajando en valores que quiero fortalecer y en otros que quiero dejar ir, porque no eran míos, sino heredados. Pero esta vida, según lo veo yo amigos míos, se trata de esto justamente: de aprender, para llegar a ser la mejor versión de ti misma. Ser la protagonista de tu vida. De saber entender y aceptar que cada elección que hacemos, tiene consecuencias y que somos responsables de ellas. Al entender ésto, encaras la vida desde otra perspectiva. 

Cuando me siento responsable de lo que elijo y hago, yo tengo las riendas de mi vida. No le doy las riendas a otros, son mías, yo conduzco, guío, manejo mi vida. Mi vida es mía, no es de nadie. Por lo tanto no puedo hacer responsable a otra persona de mi vida, ni de como esa persona me vea. Esa persona tiene sus ojos, sus heridas, sus experiencias.

Y que si en algún momento alguien me llamaba jodida, pues por ahí no era mi camino. Ahora lo sé. Hoy elijo estar donde yo quiero estar y donde me quieren como soy, incluso con mis espinas.

Ahora estoy por la labor de conocer gente que admire mi valentía y mi pasión por la vida, que acepten mis espinas que son mías, y no traten de quitarlas, que acepten lo que alguna vez yo consideré defectos, y me admiren por lo que soy.

Recuerda que lo que algunos te critican, es lo que otros admiran. Tú no eres ni demasiado intensa ni demasiado difícil ni demasiado apasionada. Si esto le molesta a alguien, ojalá te des cuenta, que eso no es tu debilidad, sino es la debilidad del otro. Te deben aceptar tal como tú eres, somos seres únicos, cada uno tiene su huella digital, tu ADN te pertenece solo a ti. Esa persona eres tú, con tus virtudes y defectos. ¡No lo olvides!

Un abrazo de los que molan queridos amigos. Y un Gracias enorme a esa persona que no sabe que con esa, quizás, potente frase me recordó quien era, quien soy y quien quiero ser.


Thank you Travi

2 comentarios en «La rosa y las espinas»

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